Cárdenas y la 4T

Jalisco /
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Recién murió el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y con él se va algo más que un político. Se va la referencia más fuerte de lo que pudo ser la izquierda en México y no ha sido.

Su historia es la de un hombre que intentó reformar al PRI desde dentro. No buscaba reflectores. Con Porfirio Muñoz Ledo formó dentro del partido la Corriente Democrática en 1986, un intento serio por democratizar al revolucionario institucional hegemónico. El sistema no lo permitió. El divorcio fue inevitable y de esa ruptura nació el Frente Democrático Nacional y luego, en 1989, el PRD, el primer partido moderno de izquierda en México. Esa es una de sus principales herencias.

México, lo hemos visto en todo el país, ha tenido una izquierda acomodaticia, pragmática, buena para negociar posiciones y mala para sostener principios. Cárdenas fue la excepción. Moderado en las formas, firme en el fondo. Revolucionario como su padre, el General Lázaro Cárdenas, no por la retórica, sino por entender que la izquierda es ante todo reparto de poder, no reparto de cargos.

Fue tres veces candidato a la Presidencia. Y en 1988 le robaron la elección. No es una frase hecha, es un hecho histórico que incluso Manuel Clouthier, su adversario del PAN, reconoció antes de morir: se cayó el sistema porque Cárdenas iba a ganarle a Salinas.

Sin duda actor principal de la democracia en México.

Esa autoridad moral le permitió criticar muchas veces a Andrés Manuel López Obrador, y lo hizo desde la izquierda, que es la crítica que más incomoda. Vio a tiempo el riesgo del personalismo por encima de las instituciones. Si en el último tramo miró con cierta esperanza hacia la candidata Sheinbaum fue bajo una lógica que en Jalisco entendemos bien: pensó que podía llegar una presidencia más moderada, más institucional, que rompiera, sin estridencias, el cordón umbilical con el caudillismo. Que su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, haya sido tomado en cuenta por la actual administración fue parte de ese puente de confianza.

Cárdenas fue un hombre de ideales. Quiso reformar al PRI y no lo dejaron. Hizo un partido que al final le arrebataron las tribus para después autodestruirse. De esa autodestrucción paulatina, paradójicamente, nace Morena. Pero no como superación, sino como regresión a las viejas prácticas priistas con otro discurso.

Y aquí está el contraste que debe importarnos hoy a los ciudadanos. El sueño de Cárdenas era una izquierda progresista, con reglas, con árbitros autónomos y con equidad en la contienda. La realidad de la 4T nos entrega un caso como el de Guadalupe Taddei al frente del INE. Nadie en Palacio puede negar que su llegada fue una posición impulsada por López Obrador. Claudia Sheinbaum sabe perfectamente que sostenerla hoy no es posible.

Por eso, insisto, que no digan que Cuauhtémoc fue suyo. Mantuvo siempre su postura crítica, sobre todo frente a esas supuestas izquierdas que llegaron al poder para hacer exactamente lo que tanto criticaron.

La crisis de Taddei es, en ese sentido, la peor estocada que se ha hecho a sí misma la 4T. Después de años de descalificar y atacar a Lorenzo Córdova como símbolo del conservadurismo, ¿con qué autoridad moral van a defender un INE capturado por cuotas familiares?

Hoy todos los ojos están puestos en el INE. Y es correcto que así sea. Porque si algo nos enseñó Cárdenas en 1988 es que sin árbitro creíble no hay democracia. Y sin democracia, no hay izquierda que valga.


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