García Harfuch; ¿el lado positivo de la 4T?

Ciudad de México /
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A estas alturas la presidenta Sheinbaum debe estar más que feliz de no haber logrado su propósito inicial de hacer candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México a Omar García Harfuch. La obsesión de López Obrador por dar dicha candidatura a Clara Brugada y, quizá, no concederle a Sheinbaum todo el poder, le puso traspié a quien tanto le hubiera gustado a la presidenta tener al lado como titular a alguien a cual más de incondicional. No se hizo pero la verdad con el tiempo le resultó mejor. Ahora cuenta con un funcionario que sabe bien le responderá sin la sombra del caudillo detrás y que, además, le está dando poco a poco las satisfacciones que ninguno de los demás integrantes del llamado Gabinete de Seguridad la está dando.

A veces los destinos, como dijera alguien, son difíciles de entender. Quizá pocos se acuerdan del origen de García Harfuch y de la experiencia que tuvo heredada tanto de su padre, Javier García Paniagua y de su abuelo, nada menos que el general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa en los convulsos tiempos de la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz. Juzgado. A veces con un rigor inmerecido ya que se ha mostrado que no fue el culpable de la matanza de Tlatelolco, el general García Barragán alcanzó a vislumbrar la carrera de García Paniagua, en el PRI, en Gobernación y en muchos otros cargos y durante varios sexenios. Una de esas responsabilidades fue precisamente la de ocuparse de la seguridad pública en el entonces llamado Distrito Federal. Es decir, un puesto similar al que ocuparía su hijo (García Harfuch), luego ya en la jefatura de Claudia Sheinbaum. De estirpe le viene al galgo como señalara un viejo refrán.

Desde luego que no todo sale como se quisiera. Hoy Harfuch tiene la responsabilidad más importante en materia de seguridad de todo el país. Hay muchos puntos que convendría analizar en la gestión de este personaje y, hay que decirlo, no goza de todas las simpatías entre varios de los altos funcionarios de la presidenta. El anterior mandatario puso todo esto en manos de los militares pero la actual prefirió entregarle el verdadero comando de las fuerzas de seguridad. Lo más importante en su tarea en que ha sido un factor de equilibrio y que, de alguna forma discreta, ha sabido mantenerse al margen de las pugnas políticas incluso en el partido de la presidenta y hasta en su relación de esta y su antecesor.

Ciertamente no se puede considerar del todo exitosa la gestión de García Harfuch ya que la inseguridad, la hegemonía de grupos delincuenciales y cárteles y en general la estabilización del país es tremendamente difícil de alcanzar. A él no le ha de parecer bien que las cifras se maquillen y se preparen para que la presidenta actúe de manera jactanciosa. Hay datos que hacen pensar que las cosas mejoran, como es el caso de los homicidios dolosos aunque, por otro lado, sigan en rojo otros delitos que siguen lastimando mucho a la población, como las desapariciones forzadas por ejemplo. Los cárteles han resulto heridos pero no de muerte ya que hasta con el corte de cabezas entre sus líderes, las estructuras sigan incólumes y continúan su actividad en forma intensa.

Pese a todo el panorama real de la inseguridad, parece que el gobierno estadounidense ofrece al gobierno mexicano alternativas, algunas rechazadas rotundamente por “injerenecistas” pero la verdad encuentra los gobernantes del país vecino una especie de aliado en las tareas de García Harfuch, al que continuamente destacan como un funcionario que está más dispuesto para la colaboración mutua. Empero, nada fácil se ve el panorama para que este importante aspecto adquiera al menos un avance sustancial que pueda ser percibido por la población y es éste el principal punto que preocupa a la presidenta Sheinbaum, ya que trata a toda costa de dar la impresión de que hay un avance auténtico hacia lo que ellos llaman la “pacificación” del país. En las cercanías del proceso electoral intermedio, el tema se vuelve crucial.

Naturalmente que no es visto como monedita de oro pero García Harfuch si mantiene un ritmo de trabajo en el que hay muchas trabas y trabucos, labor más que cargada y complicada en la que, al menos hasta ahora, García Harfuch asoma como una especie de lado positivo de la 4T, lo que de pasada lo pone en un sitio en el que no faltan los celos y las controversias, principalmente internas. Los resultados serán lo más importante. Va de por medio incluso la presidenta y el movimiento que encabezan ella y su antecesor.


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