Nadie podrá decir que nos falta espíritu patriota como a Santa Anna. Al escuchar todos los días a la presidenta recalcar que no estamos dispuestos a ceder a nadie nuestra soberanía, así como a toda la parvada de sicofantes que le secundan, da la impresión de que en realidad seríamos imbatibles. Podríamos poner al frente a personajes que estarían listos para envolverse en la enseña nacional y lanzarse desde los torreones del castillo de Chapultepec. Imaginen nada más a Noroña investido de uno de los comandantes más osados, capaces de enfrentar a los yanquis como Zacarías Taylor o James Polk. ¡Nombre!, con ese espíritu de fervor patrio que destila siempre sería suficiente para amedrentar, aunque sea a ladridos a las huestes norteamericanas. Y si le sumamos a tanto y tantos que empatan los signos tricolores a los guindas, vaya que no dejaríamos que las tropas avanzaran ni un centímetro en territorio nacional. Los soldados del vecino país duplicaron a los pésimamente armados mexicanos en esa intervención, invasión o como quieran llamarla. Lo malo es que ahora las fuerzas sean tan disparejas en todos sentidos.
La verdad es que estamos demasiado cerca de nuestros “vecinos distantes”, como reza la obra de Alan Riding (lectura obligada para estos tiempos), como darnos cualquier lujo de pararlos si en verdad tuviéramos qué enfrentarlos. Pero, para este régimen, cualquiera sería una buena “casus belli” para que ya no nos digan nada, ni nos ande acusando a nuestros traficantes, ni pare el flujo de drogas hacia su país (lo que hagan allá es muy su problema, que tampoco pueden combatir ni atender por cierto), ni tampoco le muevan el tapete a nuestros funcionarios aunque sea más que evidente su complicidad con los cárteles y hampones mayores. También ya no podemos soportar más que desde las cúpulas americanas, trátese del presidente, de sus secretarios o de los más influyentes legisladores, jueces, ministros de su corte suprema, etcétera, anden lastimando a los mexicanos con sus dichos, falacias, discursos insultantes y señalamientos que es éste un país controlado por el narco. Ya con eso basta y sobra para que decidiéramos declarar la guerra.
Mejor nos da por proteger a “nuestros” delincuentes, a esconder y blindar hasta con el Ejército a un gobernador que en su tierra todos saben de su colusión con el crimen, hasta para llegar a esa posición. Y ni qué decir de un senador que no le bastó con desnudar sus inclinaciones para favorecer a quienes a su mando operaban toda una organización criminal como la “barredora”. Mucho ruido, las cosas se van a “investigar”, y se abren carpetas y más carpetas pero, Adán Augusto, como don Rubén, gozan todavía del entrañable y fraternal efecto de quien sigue dando órdenes desde el sureste, mientras la presidenta es hora que no termina de cortar ese dañino cordón umbilical que, si quisiera, pudiera arrancar de tajo, donde tendría el reconocimiento de propios y extraños así como el apoyo masivo del pueblo.
Pero no. Mejor seguimos diciendo que no hay “pruebas” para inculpar a las vacas sagradas del cuatroteísmo, que no es conveniente para el régimen que le metan a la cárcel en las mazmorras gringas -de donde quizá nunca saldría-, a uno de sus favoritos y, lo peor de todo, que se dé el ejemplo de que si cae un pez gordo, ¿votaría todavía la población para arriesgar a la docena y media de candidatos morenistas que buscarán gubernaturas el año que entra?
Para la presidenta hasta hoy sigue siendo conveniente seguir buscando pleito en el extranjero, censurar la intervención en México de agentes de la CIA, de la DEA y todos los que operan aquí principalmente en busca de información y, de pasada, de eliminar a uno que otro delincuente, y que, por si alguien lo ignora, están presentes y actuantes en México desde hace ya muchas décadas. Mejor, claro, aprovechar con una embestida contra la gobernadora de Chihuahua, quien de seguro no quiere ya ver más sangre en su estado. Además, ahí de pasadita desde los púlpitos disponibles, en el Senado, la Diputación, el Partido Morena y la misma mañanera, denostar a la gobernadora, acusarla de “traición a la patria” y lo que se acumule, para que Adán Augusto cumpla su sueño dorado de ser quien ponga a una incondicional en la silla del gobierno chihuahuense.
Se ha sumado ya mucho. Para qué tanto desgaste con los norteamericanos y con su Presidente (que mientras pasea tan tranquilo y relajado con su “archienemigo” el jefe de estado chino). Mejor hay que reclutar a todos los morenistas patriotas y dispuestos a la lucha heroica. Mejor la declaramos la guerra a los Estados Unidos.