Casa de alfeñique, no “del” alfeñique. Su dueño Juan Ignacio Morales, quien la remodeló en 1785 y la dejó como la conocemos, dijo que era una “casa de confite” o de alfeñique, es decir, de turrón, de dulce.
Desde el 5 de mayo de 1926 es el Museo Regional de Puebla. Su propietario fue Alonso Rodríguez Cano: el edificio tenía puerta de entrada en la Calle del Chito Cohetero, posteriormente José Manzo, actual Calle 6 Norte 401, acceso inexistente ya. Después de varios cambios, en el siglo XVIII su propietario situó la entrada en la Calle de Raboso número 16, actual Avenida 4 Oriente número 416.
El doctor Efraín Castro Morales, con apoyo de Gustavo Mauleón, nos dejó la historia del edificio en su libro Museo Casa de Alfeñique (s/f, circa 2010): relata que el herrero del barrio de Analco, Morales, adquirió la casa “en ruinas” con paredes, techos, puertas y ventanas deterioradas.
La habitación, asentó Castro, pasó por diversas vicisitudes; así la halló Morales, quien posiblemente contrató al arquitecto Juan Bautista Hernández para la remodelación y, prácticamente reinvención de la casa.
Una duda razonable expresa Efraín Castro en su libro: ¿Cómo, un herrero del barrio de Analco pudo comprar una casa que valía varios miles de pesos? Era casado y tenía doce hijos.
Desvela el misterio: el herrero Morales había recibido una herencia que, por propiedades diversas, sumaba la nada despreciable suma de 70 mil pesos en oro común de finales del siglo XVIII.
Un par de generaciones Morales detentaron el edificio, hasta que en 1896, la señora Gertrudis Ruiz, viuda del señor Vidal, propietarios del benéfico Monte de Piedad Vidal Ruiz, la donó a la beneficencia pública. 30 años después, el Gobierno poblano abrió ahí el primer museo, el cual contiene dos importantes códices para la historia de nuestra entidad y del país: el de Huaquechula y el de Tlapa, ambos del siglo XVI.
De alfeñique, de dulce de turrón, no “del” alfeñique (incluso hay quien lo escribe con mayúscula, como si de un personaje se tratara), es nuestro centenario museo.