La fuerza imperialista secuestró a un dictador y bombardeó un país ajeno usando la fachada de rescatadores de todos y de todas, como siempre, como ya es costumbre, a lo Capitán América.
Desperté con la noticia de que somos los terceros en la lista de la ofensiva yanki contra América Latina, que el presidente naranjoso no tiene reparos en bombardear los estados mexicanos secuestrados por el narco, dice.
Que Maduro merece la cárcel, por supuesto. ¿Que los gringos intervinieron porque tienen complejo salvador estilo Avengers? Por supuesto que no.
Ellos son colonizadores, Venezuela solo cambió de dictador.
Mientras preparaba el desayuno de mis hijos pensaba en lo cerca que estamos del norte, en lo conservadora que es la gente aquí y en lo fácil que va a ser quedar en medio de una invasión imperialista.
Gaza ya no se siente tan lejana. “Lo que hacen en Gaza lo harán en tu casa”, es una de las consignas de los activistas pro humanidad y siendo sincera, me aterra.
Me aterra porque tengo tres hijos para quienes sueño una vida de libertad, abundancia y con la posibilidad de cambiar el mundo a través del arte, porque en el contexto mundial actual el patriarcado imperialista está avanzando, porque ser joven ya no es sinónimo de ser revolucionario, porque aquellos que me educaron rebelde creen que todo está hecho desde que la izquierda se sentó en el poder, porque la izquierda mexicana es lo que le sigue a lo tibio y tremendamente agresiva con su pueblo e incapaz de frenar los avances yankis.
Estoy asustada porque cuando era adolescente pensaba en lo irresponsable que era tener hijos cuando no hay agua limpia de libre acceso, cuando talan árboles para ahorrarse segundos de tráfico y la violencia anida en todos los hogares y en todas las esquinas y, finalmente, con la filosofía de que “no es solo el mundo que le dejas a tus hijos sino los hijos que le dejas al mundo”, tuve hijos, hijos que creo que tienen la capacidad de amar y crear la diferencia, pero en este contexto internacional se siente como si se nos acabara demasiado pronto el tiempo Mis hijos aún son niños.
Los jóvenes respaldan al sistema en vez de combatirlo.
Las madres seguimos esclavizadas bajo el yugo del capital, sosteniendo al monstruo que nos desangra para proteger el bienestar de nuestros hijos.
Ya no queda tiempo para cambiar el mundo, el mundo debe cambiar AHORA.
Ahora mismo debemos pararnos frente a los árboles que quieren talar, bloquear carreteras para exigir el agua potable que es derecho de todos y no debería ser el privilegio que es.
Ahora mismo debemos hablar de la esclavitud femenina que enferma y mata sistemáticamente, salir a las calles a exigir cuentas por los once feminicidios diarios, por las veces que las madres buscadoras han tenido que encontrar los restos de sus hijos, por las veces que gastan más en vallas para que no rayemos sus monumentos en vez de en educación y seguridad para que las mujeres dejen de ser carne de cañón del narco y del hombre promedio que no nos respeta.
Ahora mismo hay que sacar las garras y afilar los dientes, mostrarles a los cachorros como se lucha, con miedo, pero con fortaleza, con incertidumbre, pero con fiereza.
Ahora mismo toca quemar, rayar y romper todo aquello que sí les importa para frenar el avance del colonizador sobre nuestros cuerpos y los de nuestros hijos.