Me levanto a las 7 am para preparar desayuno y 3 lonches. La cocina quedó sucia desde anoche porque me derrumbé en la cama, agotada.
Los calzones y calcetines del hombre con el que comparto la vida están hechos bola a un lado de su lado de la cama. Repito: NO EN EL BOTE DE LA ROPA SUCIA. Suspiro, recojo la ropa sucia y bajo el bote.
Ya estoy lavando mientras los frijoles se calientan. Ya estoy lavando trastes mientras mis hijos se peinan. Mi esposo se encerró en el baño, vaya novedad.
Pese a todo, hoy el será el héroe, ¿saben por qué? Porque va a traer pizza para comer.
Es viernes, siempre hacemos eso para comer el viernes porque a él le toca cocinar, pero no cocina, trae pizza.
No me quejo. Bueno si, pero al menos el mío si sabe tender la ropa antes de que se apeste, no como el esposo de Martina que es un papanatas absoluto.
Falsa incompetencia se le llama a la estrategia bajo la que viven cada uno de los hombres que conozco.
Los que dejan el montón de ropa sucia/limpia al lado de la cama en vez de elegir si está limpia y guardarla o sucia y lavarla.
Los que necesitan instrucciones claras, precisas y constantes para barrer y trapear el espacio común con regularidad, por los que debes esperar casi dos años para que coloquen unas repisas o los que olvidan estratégicamente que el embarazo es una condición de vulnerabilidad extrema y aprovechan para beber, organizar salidas solos porque ya no puedes caminar o abandonar emocionalmente o físicamente a la mujer gestante.
Recuerdo una vez en Monterrey que él permitió que tuviera que dormir en el piso para no molestar al anfitrión, que era hombre y también olvidó que había una mujer embarazada de invitada que necesitaba una cama.
Lloré toda la noche y si, al día siguiente acepté sus “no se me ocurrió” y por supuesto que el bebió toda la noche.
Sostengo que no solo nos matan a golpes, no solo nos violan sexualmente, no solo con armas blancas o fuego, no solo es el ácido en la cara.
Aquí entre cuatro paredes también nos están matando, entre pilas de platos sin lavar se nos muere el espíritu, en el saber que nada lo podemos obtener gratuito y sin pedirlo se nos mueren las ganas de amarlo, se nos muere el amor propio y al final somos un cascarón que hay que rellenar de medicamentos psiquiátricos y nada más, mientras día tras día, uno tras otro preparamos lonches diferentes para nuestros hijos lavando ropa al mismo tiempo, lavando trastes al mismo tiempo, untándonos labial mientras el hombre bueno sigue en el baño.
A mí no me vengan a decir que él es uno de los buenos si lo único que hace diferente a los otros es no matar porque de violar podríamos escribir mil letras al respecto: el sexo bajo coerción emocional ES violación y en el matrimonio hay mucho de ello.
Ellos salen a trabajar=increíble proveedor.
Ellas salen a trabajar=luchona de la que se burlan por no haber escogido un hombre proveedor.
Ellos compran una pizza=hombre divertido y proveedor.
Ellas compran una pizza=huevona.
Ellos no saben peinar a sus hijas=vamos a invitarlos a un taller de peinados.
Ellas no saben peinar a sus hijas=irresponsable con la higiene de sus hijos.
Las mujeres se separan por carga mental excesiva y violencia de incompetencia elegida=que exageradas.
Los hombres se separan hartos de las exigencias de la mujer que lleva toda la carga=que bueno que ya te libraste de esa loca.
Y así vamos por la vida, locas y violentas por explotar a gritos y lloros después de la milésima vez que les pedimos que levantaran sus calzones.
Ahora resulta que las locas y agresivas somos nosotras.
Los buenoshombres siempre son los buenos, aunque lo único que hagan bien sea no matarnos. Así de poco se les exige a ellos.