Crónicas de una mujer libre

  • Criando Consciencia
  • Nadja Alicia Milena Ramírez Muñoz

Laguna /

La esclavitud del amor romántico es tan sutil que actúa como dulce veneno, matando la mayoría de las veces lenta y certeramente, casi indoloro, hasta que explota.

Y yo, que me asumía libre, pasé la mitad de la vida preocupada por mis amigas y su seguridad, procurando beber menos, tener un plan de huida, un número de emergencia al cual llamar, unas llaves en las manos listas para atacar.

Y mi amiga no puede irse. No se va, a pesar de la vergüenza, del alma rota, del miedo a los golpes y el posible reflejo de la violencia en sus hijos.

Teme absolutamente la pobreza, la persecución, el abandono, la soledad, el repudio... pero el secreto más angustioso que hay en todo esto es que teme más perder la esperanza de que el hombre amado pueda amarla como ella imaginó que lo haría si ella sacrificaba lo suficiente.

Se hizo adicta a esperar, no conoce nada más, aún en medio de la violencia y la carencia. 

Ella no suelta porque tiene miedo, tiene miedo de haber invertido tanto tiempo y esfuerzo en nada. En agua, en trozos flotantes de un proyecto de hombre.

Angustia y dolor, es lo que veo cuando no puedo alcanzar a una amiga para salvarla. 

Cuando comprendo que no puede salvarse a sí misma. Que habrá un "demasiado tarde" en esta historia. Me miro a mí misma y es como un espejo. 

Solo que tal vez yo tuve algo más de suerte. Soy esclava de la misma idea romántica de no soltar. 

La misma idea heteronormada que no funciona ni funcionará jamás porque se asienta en principios desiguales desde un inicio: soy sierva ante el hombre roto, ante el adolescente malcriado que busca saciarse de otras exprimiendo sus cuidados y sus voluntades. Mi única ventaja es que el mío no es un sádico absoluto. 

Que al parecer valora lo suficiente la redención como para pretender que puede ser redimido. Que puede cambiar. 

Como si no pudiera matarme hoy mismo y recibir sólo veinte años de cárcel. Como si no pudiera abandonar sus responsabilidades financieras y recibir una palmada en la espalda por "los tiempos difíciles".

Ellos construyen su sociedad sobre nuestros cuerpos y nuestros hijos porque pueden. Porque lo han hecho desde que derrumbaron los altares de las hechiceras. 

Desde que nos quemaron y ahogaron por millares. Ellos están respaldados al cien por ciento por los suyos y jamás, jamás estaremos seguras en una relación donde nosotras siempre ocupamos el escalón más bajo.

Estoy atrapada, en esta esclavitud que emana desde cada latido de mis venas, desde cada poro de mi piel, desde cada cabello en mi cabeza, desde siempre, desde antes de nacer, desde cientos de generaciones arriba mío.

Atrapada. Apenas sintiendo que queman las cadenas. Apenas notándolas, apenas sintiendo la desesperación asfixiar de golpe en la celda recién descubierta.

Es una suerte que me estén mostrando la puerta. Es una suerte que no me estén forzando a cruzarla. 

Devuelve el aire al cuerpo que te den la responsabilidad de elegir ser libre.

Cuando estés lista, dijeron.

Y me entregaron la llave.

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