“Entiérrense todos, oculten las cabezas, sientan como el frío les congela la determinación, no salgan, no salgan” parecen implorar todos los políticos y fanáticos que respaldan al gobierno del hombrecillo naranja.
¿Y saben qué? La gente que ya sabe que está hasta el cuello, que ya habla de guerra civil con sus hijos, que ya ha visto como asesinan a sus vecinos y aterrorizan a sus niños, aún así, se derrama en las calles, dispuesta a congelarse las narices y exponerse a la brutalidad policial porque saben que su presencia puede ser (o es) la gota que derrama el vaso, la que nos muestra a todo el mundo que observa que ese país no está lleno de racistas, materialistas y consumidores.
No. Ese país de colonos está lleno de inmigrantes de todas partes, ese país que se construyó arrasando a los pueblos originarios se inundó después de personas que construyeron en la búsqueda del sueño del bienestar y ese sueño compartido es ahora lo que los mantiene frente a las barricadas y patrullando sus vecindarios, armados, listos para enfrentarse al terror del brazo armado de la federación.
Me he tenido que tragar mis propios perjuicios de mestiza que mira con odio a los gringos al ver a la gente que se está en las calles ahora mismo poniendo el cuerpo para defender a sus vecinos, mi casta, mi sangre, sin importar nuestras historias de lucha tan distintas.
Aquí ya no se trata de ellos o nosotros. No se trata del territorio que se llevaron hace tantos años, no se trata de nada más que la humanidad defendiendo el derecho a ser humano.
A la libertad laboral, de movimiento, de crecimiento, de ganas de construir en comunidad.
Estamos todos aquí frente al señor naranja diciéndole que nos hemos hartado de dejarlo pasar por encima de nosotros y le vamos a poner un alto, con nuestras manos y nuestros dientes y nuestros cuerpos enteros.
Aquí estamos y le hablamos de frente en el único lenguaje que entiende: la confrontación.
Hartos estamos de que nuestros vecinos, amigos y los compañeros de escuela de nuestros hijos sean arrancados de sus hogares y sus trabajos por otros inmigrantes más antiguos.
Hartos estamos de ver a nuestros hermanos ser asesinados con impunidad mientras tratan de proteger a quien lo necesita.
Y ya no, ya no lo vamos a dejar pasar.