El Chino Huerta : regresar también es una prueba

Ciudad de México /
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Hay algo curioso en los regresos, desde afuera parecen sencillos. Un futbolista emigra, vivió una experiencia distinta y vuelve al lugar donde fue feliz. La afición se emociona, el club lo recibe y todos parecen convencidos de que la historia puede continuar exactamente donde se quedó.

Pero no. En el futbol, como en la vida, uno nunca regresa siendo el mismo.

Y eso es justamente lo que me interesa del regreso de César Chino Huerta a Pumas.

Porque el Chino que vuelve a Ciudad Universitaria no es aquel muchacho que se fue a Europa con la ilusión de demostrar que podía jugar allá. Hoy tiene otra edad, otra experiencia y, seguramente, otra manera de entender el futbol y también de entenderse a sí mismo.

Y Pumas tampoco es el mismo.

Huerta se fue en enero de 2025 después de convertirse en uno de los jugadores más queridos y reconocibles del equipo. En Universidad dejó 87 partidos oficiales, 20 goles y 16 asistencias. Pero, sinceramente, decir solamente eso es quedarse muy corto.

El Chino dejó algo que no aparece en ninguna estadística: personalidad.

Esa cosa que tienen algunos futbolistas y que no se puede entrenar en una cancha: Huerta podía equivocarse. Podía tener un partido malo, desesperar a la tribuna. Pero luchaba por la pelota y eso, aunque parezca una obviedad, no lo es.

Hay jugadores que cuando el partido se pone feo se esconden detrás de un defensor. Hay otros que prefieren devolver la pelota antes que intentar algo y quedar expuestos.

Huerta hacía lo contrario. La pedía, encaraba al rival, intentaba. Y claro, se equivocaba y de nueva cuenta volvía a intentarlo y esa personalidad entregada y apasionada por el equipo fue primordial por las que la gente de Pumas lo hizo suyo.

Ahora regresa, aquí viene la parte que me parece realmente interesante.

¿Qué Chino vuelve? Europa no necesariamente los convierte en mejores futbolistas. A veces te conviertes en un futbolista más consciente de quién eres, de lo que te falta y de lo difícil que es sostenerte cuando dejas de ser la estrella de tu barrio.

Huerta tuvo buenos momentos en Anderlecht, pero tampoco tuvo la continuidad que seguramente imaginó cuando hizo las maletas.

Hubo malditas lesiones, momentos en los que perdió protagonismo y una realidad que cualquier futbolista mexicano que cruza el Atlántico termina descubriendo: allá nadie te está esperando.

Ahora vuelve a un lugar donde sí lo conocen. Y eso puede ser una ventaja, también puede ser una trampa. Porque la afición recuerda al César que se fue.

El jugador tendrá que demostrar que no vive de ese recuerdo y aquí aparece una circunstancia que hace todavía más importante su regreso.

Sebastián Córdova está lesionado, ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda lo dejó fuera del resto del torneo y su recuperación será larga. No hay que hacer cuentas alegres ni imaginar ahora una sociedad Córdova-Huerta. Esa historia tendrá que esperar.

Lo que Pumas necesita es al Huerta de ahora. No al de 2024. No al de los videos de sus mejores goles. No al de los rizos que se convirtió en símbolo de aquel equipo. Al de 2026.

Y ese jugador tendrá que asumir una responsabilidad que antes no necesariamente cargaba solo.

Pumas necesita desequilibrio, profundidad, que alguien que se atreva, que no se esconda cuando el partido se vuelva incómodo y El Chino LO DOMINA.

La pregunta es si todavía quiere hacerlo con la misma intensidad. Porque también hay algo que pasa cuando un futbolista se va de casa: descubre cuánto extrañaba aquello que tenía. Quizá Huerta haya descubierto en Bélgica que no todos los lugares tienen la misma conexión. Probablemente, haya entendido que en Pumas no solamente jugaba. Era importante y me atrevo a decir que hasta imprescindible, y eso pesa.

No sé si su regreso será un éxito. Sería absurdo afirmarlo antes de verlo jugar, pero sí creo que hay una oportunidad muy interesante para ambas partes.

Huerta puede recuperar algo que perdió en Europa: continuidad, confianza, protagonismo.

Pumas puede recuperar algo que perdió cuando él se fue: un futbolista capaz de cambiar el ritmo de un partido con una sola jugada. Y eso es un ganar ganar.

Y hay algo más, César Huerta vuelve con una cuenta pendiente.

No con Pumas. Con él mismo. Porque cuando un deportista se va a Europa, normalmente lo hace pensando que el siguiente paso será mejor y cuando ese paso no termina de salir como lo imaginaba, volver puede sentirse como un retroceso. En absoluto tiene por qué serlo.

Regresar no siempre significa fracasar. A veces significa volver al lugar donde puedes reconstruirte para intentarlo una vez más, eso es lo que tendrá que hacer Huerta.

Y Pumas tendrá que ayudarlo, el cariño de la gente no juega, la nostalgia tampoco mete goles. Y aquella versión del Chino que enamoró a Ciudad Universitaria ya no existe.

Existe otra.

La que pasó por Europa, que tuvo que competir por un lugar, que sufrió, que seguramente aprendió y ahora tiene que demostrar que todo eso sirvió para algo.

Por eso no me interesa tanto preguntar si el Chino vuelve a casa. La pregunta es otra: ¿puede volver a convertirse en el jugador que Pumas necesita? Porque regresar es fácil. Lo verdaderamente difícil es volver a ser indispensable.


  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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