Rafa Márquez y la Selección que todavía no sabe qué quiere ser

Ciudad de México /
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Rafael Márquez ya tiene su primera lista. Y no, no llegó con una motosierra a la Selección Mexicana. Tampoco hizo lo que muchos esperan de un entrenador que comienza un proceso: borrar nombres, patear puertas y anunciar que ahora sí, por fin, ¡vamos a cambiarlo todo!

Rafa hizo algo bastante más sensato: convocó futbolistas, algunos conocidos hasta el cansancio, otros que estaban esperando una segunda oportunidad y unos cuantos que llegan con esa etiqueta peligrosísima que en México solemos pegarle demasiado pronto a los jóvenes: “el futuro de la Selección”.

Y ahí empieza lo interesante. Una primera convocatoria dice mucho del entrenador, pero también revela lo que todavía está buscando.

Márquez arranca rumbo a 2030 sin tener resuelto quiénes serán sus titulares, pero sí con la posibilidad de observar quiénes tienen argumentos para quedarse.

Y eso me gusta más que una revolución de utilería. Porque nos encanta hablar de “recambio generacional” como si bastara con poner tres muchachos de 20 años en una lista para que mágicamente aparezca el futuro del futbol mexicano.

No funciona así. El futuro no se convoca: se construye y, sobre todo, se sostiene.

Arranquemos en la portería: Raúl Rangel, Óscar García y Álex Padilla. Padilla vuelve a aparecer después de quedarse fuera del Mundial. Hay algo saludable en eso: Márquez no parece demasiado interesado en que alguien le diga quién “debe” estar en la Selección.

Está mirando y eso es exactamente lo que tiene que hacer un entrenador al principio de un proceso: mirar, preguntar, comparar y si hace falta, equivocarse. Porque estamos hablando de 2030.

Falta una eternidad, en cuatro años un futbolista puede pasar de promesa a figura, de figura a suplente o de imprescindible a “¿se acuerdan de él?”. El futbol tiene muy mala memoria y también muy mala educación. En defensa tampoco hay ruptura. Johan Vásquez, César Montes, Víctor Guzmán, Israel Reyes, Jorge Sánchez y Jesús Gallardo están ahí. También Mateo Chávez, Everardo López y Erik Lira.

¿Dónde está la revolución? No está y quizá no tiene por qué estar. Hay jugadores que ya conocen la camiseta, el entorno y la presión. También conocen esa maravillosa costumbre mexicana de convertir cada convocatoria en un referéndum nacional.

Lo verdaderamente importante vendrá después. Convocar es relativamente sencillo. Lo difícil es decirle a un jugador: “hoy no juegas”. Y todavía más complicado: “tú no vienes”.

Ahí comienza el verdadero trabajo de Márquez. Porque llegar al Tri no debería equivaler a instalarse en él. La camiseta de la selección no puede convertirse en una membresía vitalicia.

El mediocampo me parece una de las zonas más interesantes de la lista. Luis Chávez y Orbelín Pineda —que, dicho sea de paso, me encanta verlo en cualquier convocatoria— aportan experiencia, mientras Obed Vargas, Jeremy Márquez, Álvaro Fidalgo, Alan Cervantes, Denzell García y Gilberto Mora abren otra conversación.

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Y con Mora conviene bajar un poco el volumen. ¿Por qué ya queremos convertirlo en el Mesías del futbol mexicano? ¡Calma! Es talentoso, posee condiciones extraordinarias, pero todavía necesita crecer, equivocarse, competir, aprender y jugar muchísimo futbol antes de cargar con esa cruz absurda que solemos ponerles a nuestros jóvenes.

México tiene una habilidad peculiar para descubrir adolescentes y pocas semanas después, pedirles que solucionen treinta años de problemas estructurales.

Qué presión tan cómoda para los adultos.Si Mora es bueno, hay que ayudarlo a CRECER. No convertirlo en SALVADOR. ¡Lo mismo aplica para los demás jóvenes!

Rafa tendrá que encontrar algo que en México se nos ha perdido entre tantas convocatorias: tiempo. Tiempo para formar, para probar y para permitir que un futbolista tenga un mal partido sin que inmediatamente lo convirtamos en fraude nacional.

Y luego está el señor Hirving Lozano. ¡Ahí sí se puso interesante la cosa! El Chucky regresa después de quedarse fuera del Mundial de 2026 y vuelve a una Selección que ya mira hacia el siguiente ciclo. No lo veo como premio, mucho menos como disculpa, es una oportunidad. Lozano tendrá que demostrar que todavía puede ser ese futbolista capaz de cambiar un partido y no solamente aquel jugador que alguna vez lo hizo.

Porque el futbol no vive de recuerdos y el Chucky, por más cariño que le tengamos, tampoco. Por eso me resulta mucho más interesante verlo competir que verlo regresar a la alfombra roja.

Y junto a él aparece Germán Berterame, en una delantera donde también están Santiago Giménez y Armando González.

Raúl Jiménez y Julián Quiñones no aparecen porque están lesionados. Punto. No hace falta fabricar una novela donde no la hay.

Cuando estén disponibles, habrá que ver qué decide Márquez. Ahí sí tendremos otra conversación.

Lo que realmente me deja pensando esta convocatoria no es quién falta, sino qué clase de selección quiere construir Márquez. Porque los nombres, por sí solos, no resuelven gran cosa.

Las preguntas serán: ¿Quién tendrá personalidad para pedir la pelota cuando el partido se ponga feo?, ¿Quién asumirá la responsabilidad?, ¿Quién soportará un estadio entero encima?, ¿Quién entenderá que jugar en Europa no te convierte automáticamente en titular del Tri. Y, sobre todo, ¿quién aceptará quedarse fuera sin convertir cada decisión en una tragedia griega?

Ahí se conocerá al entrenador y también a los futbolistas. La verdadera selección no será esta fotografía de septiembre. Será la que sobreviva a las lesiones, los cambios de clubes, los nuevos talentos, los egos, los bajones de forma y esa maravillosa capacidad mexicana de convertir un amistoso en una crisis de Estado.

Rafael Márquez no tiene que demostrar que sabe hacer una lista. Eso lo puede hacer cualquiera. Tiene que construir un equipo y para eso necesita algo bastante más complicado que juntar buenos jugadores: conseguir que once futbolistas se reconozcan entre ellos cuando el partido se rompa.

Por ahora, Rafa no prometió una revolución. Francamente, ¡qué bueno! Ya tuvimos demasiadas.

Ahora toca algo menos espectacular y bastante más difícil: conseguir que la Selección deje de depender de los nombres y empiece a depender de una idea.

Esta primera convocatoria no nos dice quién llegará a 2030.

Pero sí deja una pregunta que me parece mucho más interesante: ¿quién de estos futbolistas tendrá cuatro años para convencer a Rafa de que merece estar ahí? Porque una cosa es aparecer en la primera fotografía y otra muy distinta es sobrevivir al álbum completo.


  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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