La alegría de vivir

El don de ser padres

Omar Cervantes

Más allá de las fechas comerciales, de las cuales no soy partidario, la celebración del día del padre me genera diversas reflexiones, en cuyo centro está una idea de que es importante resignificar los conceptos y significados de la paternidad en un mundo que ha evolucionado y redefinido los roles en los sistemas familiares y sociales.

En un mundo donde cada vez más voces luchan por erradicar los sistemas patriarcales y el machismo, es justo detenerse a darle su justa dimensión al don de la paternidad y dejarlo de ver (en términos freudianos) como una figura secundaria de la familia, en la que la madre y los hijos son el centro de la convivencia, mientras que en las sociedades mercantiles el padre suele limitarse a la provisión y el trabajo, sin contar además los estigmas que tanto critican al jefe de familia como el macho alfa del grupo.

En las sociedades actuales hoy se promueve la equidad entre hombres y mujeres, así como la igualdad de oportunidades en todos los aspectos de la vida, por lo que la familia ha evolucionado y hoy tiene otra configuración.

La pandemia nos ha mostrado muchas facetas de las nuevas familias, por ejemplo, apenas esta semana me compartían de una donde el padre tiene menos trabajo que la madre, quien se ha convertido en el sustento del hogar, por lo que le toca a él hacerse cargo de las labores domésticas que hasta hace poco eran exclusivas de la mujer.

En el 2021 tenemos familias muy diferentes a las que dominaban el espectro de los 60’s, la década en la que nacimos los mayores de 50 años, que nos ha tocado ir evolucionando con el surgimiento de nuevos modelos de convivencia.

El empoderamiento de las mujeres, del cual soy partidario y ocupa buena parte de mi actividad profesional, es una realidad en la que aún nos falta avanzar mucho para tener una sociedad justa y equitativa.

No obstante, en el extremo de este pensamiento, existe el riesgo de ir haciendo cada vez menor la figura del padre, lo cual me parece igual de peligroso que no aceptar los nuevos roles de la mujer.

El padre tiene características naturales, espirituales y energéticas que debemos revalidar y brindarles su justa dimensión.

Apenas tuve una profunda plática con mis hijos mayores de edad ellos, en la que les compartía cómo el individuo va forjando su propio camino y destino, desde las elecciones más elementales como el deseo de formar una familia y poner a los hijos en el centro de las prioridades, con lo que buena parte de nuestras vidas girará en el deseo de proveerles de todo lo necesario hasta que tomen las riendas de sus vidas y decidan abandonar el nido.

Así, el don de la paternidad, para quienes elegimos poner a los hijos en el centro de nuestras vidas, nos impera a tener un rol productivo, muchas veces sumando el esfuerzo de la madre, para que a los críos no les falte nada y tengan todo para hacer sus propias vidas de la mejor manera.

Por supuesto ello implica estrés, tensión, sacrificio, creatividad y la búsqueda permanente de tener las oportunidades para darles a los hijos lo mejor en todo sentido.

Recuerdo a mi padre, quien cerca de sus 82 años aún está saludable, como un hombre que decidió sacrificar muchas cosas, incluyendo la convivencia familiar por tener que estar viajando constantemente para que a mi y a mis hermanos nunca nos faltara nada, objetivo que cumplió con creces, con el incansable apoyo de mi madre.

Y ahora toca el tiempo de voltear la moneda y devolverle al viejo un poco de lo tanto que hizo por sus hijos, aprendiendo a convivir con él en este momento de su vida, procurarlo y ayudarle en sus necesidades básicas. Es ley de vida y nobleza obliga.

Desafortunadamente muchas veces se sigue estigmatizando al padre como machista, patriarcal y muchos adjetivos negativos más.

En el mundo de las adicciones en el que convivimos cotidianamente, el padre suele ser verdugo y no víctima, aunque en los hechos hay sistemas donde ellos padecen o sufren más que sus parejas o hijos.

Más que una carne asada o mensajes tapizados en las redes sociales, me parece este domingo una oportunidad para resignificar el papel de la paternidad en la familia y en la comunidad.

Padres responsables en todos los sentidos, incluyendo jugar roles domésticos y equitativos en la familia, padres que dejen de ser vistos como proveedores y vuelvan a ser admirados y amados por sus hijos, padres a quienes se les reconozcan sus emociones y se les conceda el derecho a ser humanos. Padres que no sean estigmatizados y etiquetados. En resumen, padres muy padres.

Para mi en lo personal el don de la paternidad de mis cuatro hijos es la bendición más grande que he recibido y que le da sentido a mi existencia.

Tengan todos excelente semana.

Omar Cervantes Rodríguez


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