Cada año hablamos de la cuesta de enero casi de manera automática, como si fuera un concepto exclusivamente financiero: pagos acumulados, tarjetas al límite, gastos decembrinos que todavía pesan y cuentas que no se terminaron de cobrar. Pero la cuesta de enero va mucho más allá del dinero. Es, en realidad, una pendiente integral que atravesamos en lo físico, lo mental y lo emocional.
Enero es el mes donde el cuerpo resiente los excesos, donde la báscula suele darnos una llamada de atención y donde la buena alimentación vuelve a ser necesidad urgente.
No es fácil retomar hábitos saludables después de semanas de desorden, cenas tardías y poca actividad física. La cuesta también está en levantarse temprano, volver a moverse, recuperar la disciplina y entender que cuidar la salud no es un castigo, sino un acto de amor propio.
Está también la cuesta de enero del movimiento. Empezar o retomar una vida activa cuesta: pesan el frío, la flojera, las excusas y, muchas veces, el miedo a no cumplirnos. Sin embargo, el ejercicio no solo transforma el cuerpo, también ordena la mente, libera tensiones y se convierte en un ancla emocional en medio del arranque de año.
Y quizá la más empinada de todas sea la cuesta mental y emocional. Enero llega con expectativas altas, listas de metas, presión por “arrancar bien” y, para muchos, con problemas que no se quedaron en el año anterior. A eso se suman las bajas temperaturas en algunas regiones del país, los días más cortos y esa sensación de volver a empezar cuando todavía estamos cansados.
La cuesta de enero no se supera de un solo paso ni con soluciones mágicas. Se transita con decisiones pequeñas pero constantes: comer mejor hoy, moverse un poco más mañana, ordenar la mente, ajustar expectativas y entender que comenzar no siempre es sinónimo de entusiasmo, sino de voluntad y disciplina.
Enero no es un examen, es un proceso. No se trata de subir la cuesta corriendo, sino de avanzar con conciencia, equilibrio y paciencia. Porque cuando cuidamos nuestro bienestar integral, incluso la pendiente más difícil termina llevándonos a un mejor lugar.