Las apariencias engañan

Ciudad de México /

A mi repertorio de frases para compartir en mis conferencias y en algunas ocasiones en sesiones de terapia, dentro de las que destacan dos de las que he escrito varias veces y afirman que “los huevos no siempre son al gusto” y “los caminos de la vida no son lo que yo pensaba”, he agregado una que puede ser sustituta o complementaria: “las apariencias engañan”.

En la consulta escucho cada vez con más frecuencia expresiones de que los planes cambiaron de manera inesperada o se está viviendo de una manera diferente a lo que se pensaba que sería la historia personal, por lo que es de elemental relevancia trabajar en estos casos la tolerancia a la frustración, la aceptación, la resiliencia, el sentido de vida, la re-significación del propósito propio y, el camino a la felicidad verdadera.

Lo importante en estos casos es acompañar a la persona para que su golpe de realidad sea entendido de la mejor manera posible, sin necesidad de bombardearlo con clichés que sólo pueden causarle un enojo o una tristeza mayor, como cuando se le dice que “las cosas pasan por algo”, “solo Dios sabe”, “¿piensa qué te está tratando de decir la vida?”, “después de la tempestad viene la calma”, “siempre hay una luz al final del túnel” y montón de aforismos inútiles.

Tener expectativas y hacer planes no es malo. Lo que causa frustración es aferrarse a los resultados y pensar, como ya lo cité, que “los huevos siempre serán al gusto”. Hay muchas veces que sólo existe un menú y la elección es la de comer lo que se ofrece o, quedarse con hambre.

Puede ser que un negocio no haya resultado como se esperaba, que una relación afectiva termine de manera intempestiva, que nuestra situación financiera sea diferente a nuestro presupuesto proyectado, que nuestros hijos no sean como hubiéramos deseado y muchas otras circunstancias más en las que, por supuesto, es normal enfrentar las emociones que en inicio provocan, vivir los duelos respectivos y cerrar ciclos como un proceso eminentemente personal.

Es ahí donde, una vez que la persona está en condiciones de enfrentar su duelo, su pérdida o su expectativa no cumplida, entra mi frase de que “las apariencias engañan”.

Cuando la vida parece sonreírnos siempre y todo se da conforme a nuestros proyectos, estamos agradecidos y nos sentimos merecedores, lo cual sin duda es completamente válido. La prueba viene cuando el empaque en el que se nos presenta una circunstancia, no sólo es muy diferente a lo que teníamos en mente, sino que además causa dolor, confusión y angustia.

Una pandemia como la del Covid19, un huracán como el “Otis” o, simplemente una persona que “nos falló”, cambió de opinión e incumplió su palabra o promesa, pueden asestarnos tremendos golpes difíciles de asimilar y cuando todo se mueve, llegan los temores, la incertidumbre y la desesperanza.

Me gusta citar a Deepak Chopra, pensador indio-norteamericano, cuando establece que el caos y la inseguridad suelen ser los mejores estadios del ser humano, debido a que, ante lo desconocido, siempre vendrá algo nuevo y mejor. Entrar en el campo de todas las posibilidades (Chopra Dixit) es una fuente de riqueza si se acepta que el salir de la zona de confort lleva a las personas a desarrollar nuevas formas de abundancia y nuevos caminos por transitar.

Decir que las apariencias engañan es estar convencidos de que una circunstancia dolorosa o aparentemente incómoda, puede ser una puerta desconocida que lleve al individuo a su verdadero propósito, como escribe el padre de la logoterapia, Viktor Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido” (1946), publicado justo después del holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

Si el lector está pasando por una crisis, un caos, un ciclo cerrándose o un proceso de duelo, piense que las apariencias engañan y que, sin saltarse las etapas emocionales de lo que se está viviendo, con fe, con trabajo personal y con calma, siempre lo mejor está por venir, cuando se aceptan las circunstancias, se deja de aferrar a la expectativa creada y se permite explorar nuevas posibilidades en su caminar. En otras palabras, “Rendirse para triunfar: la alegría de vivir” (Cervantes Omar, 2022).


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