Pongamos atención a la codependencia

Ciudad de México /

El desafortunado tema de los feminicidios en el país y toda clase de violencia en contra de las mujeres, tema complejo del cual por supuesto no soy experto en todas las variables que imperan para su análisis, me ocupa en hacer una reflexión profunda desde mi expertiscomo especialista en adicciones y codependencia, actividad en la que permanentemente veo en el consultorio focos amarillos y rojos que pueden ser tragedias potenciales.

La semana pasada apenas una joven de recién ingreso a la terapia me hacía una pregunta que me dejó helado y que hoy comparto en el anonimato solo con el objetivo de hacer algunas reflexiones al respecto de lo que vive México en esta agenda.

“¿Es normal que tu novio te pegue?”, fue la pregunta que hizo una joven a su madre y que entre otros motivos ese fue uno de los que la llevó al consultorio conmigo para evaluar su posible tema de codependencia.

Esta pregunta, aparentemente inocente, que para muchos de nosotros sería impensable realizarla siquiera y cuya respuesta debería ser obvia, insólitamente es una realidad que permea en muchos hogares mexicanos en los que prevalece aún el patriarcado, la aprobación o el miedo a la desaprobación parental en las decisiones de los hijos y por supuesto una gran dosis de machismo y sumisión, que desde mi óptica es el inicio de tantas tragedias que suceden a las mujeres de nuestra nación.

En uno de los textos que suelo sugerir en pláticas y en terapia individual, titulado “El guión de la Codependencia en las relaciones de pareja”, de Gloria Noriega Gayol, la investigadora sostiene precisamente la hipótesis de que patrones culturales malsanos como el machismo y la sumisión, son el inicio no solo de relaciones tóxicas, sino de patrones que pueden repetirse de generación en generación y que de forma velada son aceptados culturalmente, por lo que entenderlos puede ser el inicio de la recuperación de los mismos.

En este contexto entran en juego desde el papel que juegan los medios de comunicación, las redes sociales y los usos y costumbres sociales que denigran la imagen de la mujer y ensalzan la figura del macho mexicano a quien se le debe perdonar todo o casi todo.

En alguna ocasión que tuve la fortuna de participar en una mesa de debate sobre el derecho a los sectores diversos y sobre colectivos feministas, un par de alumnas repudiaban con toda energía: “nos están matando solo por el hecho de ser mujeres”.

Cómo hijo de una gran mujer que tuvo rasgos de codependencia mientras vivió pero que me dejó grandes lecciones de respeto a todas las personas por igual, como primo de excelentes mujeres, porque no tuve hermanas de sangre, aunque sí muchas de elección y, como pareja que he sido siempre en el mayor respeto al mal llamado sexo débil a quien le concedo autosuficiencia, fortaleza y grandeza por el simple hecho de ser humanas, repudio absolutamente cualquier tipo de violencia en contra del genero femenino, ya sea física, verbal, psicológica, financiera o de cualquier forma.

Acaso estos valores y creencias, además de mi experiencia profesional en relaciones codependientes, son lo que me obliga en casos de violencia en contra de las mujeres a empoderarlas, a darles información de sus derechos, a ayudarles a trabajar en su autoestima, su seguridad y el respeto a la propia dignidad, así como a vivir en la aceptación mutua, el desapego y la convicción de que son seres humanos completos que no requieren de alguien más para lograr la completud de sí mismas, ni requieren de la aprobación externa, sobre todo cuando la descalificación agrede su propia auto definición.

En este proceso es importantísimo decir que no cuando sea necesario y deseado, a decir que si solo cuando se está convencida de ello, a expresar sus propios sentimientos y a aceptarse a sí mismas sin necesidad de cumplir expectativas externas, así como la vital actividad de aprender a poner límites ante lo doloroso e inaceptable para ellas.

Es un camino en el qué hay que enfrentar los miedos al rechazo o al castigo, a romper dogmas y paradigmas para eliminar todo lo que va en contra de su dignidad de personas o atenta de cualquier forma contra ellas.

Antes de escribir este artículo vi una leyenda que me sirvió de colofón: “enseña a tu hija a volver a casa después de un matrimonio (relación) fallida, es mejor a que vuelva en un ataúd”. Frase fuerte que sirve de marco a esta reflexión. Pongamos atención a los rasgos codependientes en las relaciones tóxicas y elevemos la voz para decir #niunamenos.

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