Reparar daños

Ciudad de México /

Llegamos a septiembre, mes de la patria, seguimos en pandemia del covid-19 y para los grupos de estudio de 12 pasos toca abundar en el paso 9, que habla de la reparación de daños y es un tema importante en el proceso de conseguir armonía y paz entre las personas.

“Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros”, dice a la letra el noveno paso de alcohólicos anónimos, que ha sido adoptado también por los demás grupos de ayuda mutua que practican este programa.

Como lo hemos sostenido en múltiples ocasiones, este programa de los 12 pasos no debería ser exclusivo de los adictos o codependientes, puesto que resulta una filosofía de vida muy útil y funcional para cualquiera que aspire a alcanzar la alegría de vivir, por lo que hoy nos referiremos a todas las personas que busquen un proceso de paz con el prójimo.

Llegar a la reparación de daños es un proceso que lleva tiempo y requiere varias etapas previas como son: la admisión del daño realizado, el sincero deseo de cambio, el arrepentimiento entendido como la convicción de no volver a lastimar al otro y, finalmente, llegar a ese momento de pedir disculpas y tener la voluntad de saldar el agravio.

Además, los veteranos que dieron vida a este paso fueron sabios en agregar dos condicionantes más: “siempre y cuando reparar el daño no perjudique al prójimo o a terceros”. Esto por la sencilla razón de que eventualmente, quien desea alcanzar la paz quizás tarde tiempo en hacerlo y cuando lo decida, las circunstancias hayan cambiado y la pretensión de reparar pueda dañar a alguien en ese tiempo presente, por lo que entonces deberá ser sólo un acto de introspección, meditación y la evocación de una oración por la persona dañada.

Adicionalmente debe contemplarse que, aún reparando el daño, la persona agraviada decida no perdonar, lo cual deberá ser aceptado y asimilado como una consecuencia de los actos pasados, con la satisfacción de haberse puesto en paz con el hecho de intencionar el perdón y, si posible, enmendar la falla.

Como lo hemos dicho en anteriores colaboraciones, al final de cuentas, quien perdona y quien pide perdón de sus fallas, más allá del resultado de las gestiones con el otro, estará construyendo la paz consigo mismo, que es de un valor incalculable. Vivamos en paz y dormiremos bien.

omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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