La semana pasada fue de esas que disfruto mucho al compartir con jóvenes sobre el consumo de drogas y sus riesgos, tratando de hacer prevención. Tuve nueve sesiones entre alumnos de secundaria y preparatoria en dos planteles diferentes, hablando de adicciones y codependencia. Además de los consultantes presenciales y en línea atendidos que siempre terminan enseñándome algo.
Cada vez que tengo oportunidad de hablar ante tomadores de decisiones insisto en la importancia de charlar con alumnos desde secundaria en adelante abiertamente sobre estos temas. De hecho en una de las escuelas donde acudí, recientemente en una revisión a los estudiantes, habían encontrado alcohol, drogas y otros artefactos en sus mochilas. El mundo real del consumo ya alcanzó a nuestros adolescentes así que vale más hablar de frente con ellos.
Pararse a hablar ante jóvenes de 12 a 15 años tiene su complejidad. Igual que lo tiene hacerlo ante los que están ya rondando en los 18. Hay que conocer su pensamiento, sus formas de expresión y tratar de tener empatía con ellos.
Usualmente les llevo un video breve de lo que sucede en el cerebro de un adicto y por qué se genera la enfermedad debido a la modificación en el funcionamiento de los neurotransmisores. Les doy un resumen de una de las definiciones más simples y comprensibles de lo que son las también llamadas dependencias a sustancias y a algunas conductas patológicas.
Más allá de lo que explico como modelos teóricos, particularmente ante estas audiencias, prefiero dar testimonios reales porque me parece que conectan más con sus realidades. Cito, sin romper el anonimato, algunos casos clínicos que he tenido de jóvenes de sus edades y de cómo llegaron conmigo al consultorio y el proceso terapéutico que tuvieron.
En el caso de la marihuana, un tema en el que se abre mucha controversia, evito confrontar y tratar de debatir. Muchas veces les remito mejor a casos prácticos.
“A mí no me crean, ustedes tienen sus argumentos y yo los míos y podemos pasar horas debatiendo”, les digo, “mejor entren a mis redes sociales y busquen una entrevista anónima que le hice en su momento a un joven adicto a la marihuana, que nos platica sus experiencias”.
Suelo recomendarles un video en mi canal de YouTube “La Alegría de Vivir en Plenitud”, que es de los que más vistas tiene y se titula, “Testimonio de un adicto a la marihuana… claro que hace daño”.
Durante mis charlas de la semana pasada también cité un video que encontré en el Instagram “Maradonaesmipasión”, en el que a través de una entrevista el fallecido futbolista argentino hace un llamado a los jóvenes a no entrar en el mundo de las drogas.
Diego Armando Maradona dice en pocas palabras, con un valor digno de aplaudir, que él no puede afirmar que haya sido el jugador de futbol más brillante del mundo porque tuvo problemas de drogas y eso le impidió llegar a serlo. Cuando cuento este episodio, los jóvenes, aunque no lo hayan visto jugar, saben perfectamente de quién estamos hablando y toman más interés en la plática. Al comentar sobre su muerte por complicaciones del infierno de la adicción, los estudiantes en realidad conectan con el tema.
Finalmente, como alguna vez aprendí que es mejor dar testimonio de corazón que pararse a dar una clase o a tratar de hablar desde una cumbre moral, con toda honestidad les narro la historia de Tommy, el personaje de mi primer libro, “La Alegría de Vivir: un viaje de las tinieblas a la luz”. Al revelarles que él tuvo su primer borrachera a los 13 años y de cómo fue avanzando su enfermedad, pueden entender un poco mejor su propio entorno.
Remato con un acto de gratitud y de honestidad, confesándoles que ese mote ficticio de Tommy corresponde a quien, en ese momento, en su calidad de profesional de las adicciones, está frente a ellos tratando de darles información para que en sus vidas tomen las decisiones más correctas posibles, como lo hizo él hace 25 años al optar por la vida y por salir del infierno en el que vivía.
Felicito a las instituciones públicas ocupadas en multiplicar estos mensajes, igual que a los planteles educativos que nos abren sus puertas. ¡Sigamos haciendo prevención! ¡Es justo y necesario!
Omar Cervantes Rodríguez