Un mundo en confusión

Puebla /

Hace 22 años y medio cuando esperábamos la llegada del año 2000 con todo y sus simbolismos, muchos, incluyéndome, imaginábamos un mundo tecnológico donde el hombre seguiría siendo el centro del universo, disponiendo para sí de todos los avances de la modernidad que harían mucho más llevadera su existencia.

Seguramente pocos imaginaban que nuestra realidad fuera como es, un mundo en confusión, con mucho caos y mucha incertidumbre en diversos escenarios. Aunque claro, como todo en la vida, la realidad es relativa y depende de la percepción y de la mente que la percibe, por lo que uno elige, el vaso medio lleno o el vaso medio vacío.

El vaso medio vacío sería ver un planeta azotado por una pandemia que parece que no tiene fin y que lleva más de dos años y medio sacudiéndonos en todos los aspectos de nuestras vidas. ¿Quién iba a pensar que un virus diminuto podría más de lo que hubiéramos esperado de la tecnología cuando el siglo pasado soñábamos con el futurismo del XXI?

Tampoco, en la falta de consciencia de muchos, se creía que el agua algún día escasearía y que el calentamiento global nos afectaría de muchas formas, igual que la falta de cuidado al medio ambiente, lo cual ni la misma ciencia ha podido remediar.

Pensar en el vaso medio lleno es conocer que, para los apocalípticos, la Tierra no se ha acabado, ni la vida en el planeta se ha extinguido, seguimos con vida, aceptando los cambios que la actualidad nos presenta y con oportunidades permanentes de reflexionar sobre lo que podemos hacer aún para salir de la confusión y el caos.

¿Por qué decimos que confusión y caos? Los datos estadísticos acerca de la demanda de servicios de atención de salud mental demuestran que van al alza y que cada vez son más las personas que refieren sufrir algún tipo de trastorno o síntomas de alguno, producto de la incomprensión de la vida como es, de la tensión y el estrés que se presenta ahora desde las jóvenes generaciones.

La constante exposición a los medios masivos y a la agenda de noticias en el mundo, que prioriza los problemas y conflictos de la sociedad, la sobrepoblación en diversas latitudes del planeta, la competitividad permanente para sobrevivir en la jungla humana, el deterioro de la Tierra, la pérdida de valores, la desconfianza en las instituciones, la vorágine tecnológica que aleja a las personas, entre muchos otros, son factores que están afectando el estado anímico de mujeres y hombres, desde tempranas edades.

Seres humanos desconectados de la naturaleza y de su prójimo, mientras paradójicamente están en conexión con máquinas y dispositivos; jóvenes sin fe y sin creencias teológicas, que defienden el discurso de la evidencia científica sobre los dogmas; cambios de usos y costumbres de las nuevas generaciones, incluyendo sus aspiraciones y su forma de ver la vida, así como la nueva composición demográfica de las poblaciones contemporáneas, son factores que abonan también a la confusión y el caos.

Afortunadamente también hay mayores espacios de reflexión, están resurgiendo movimientos espirituales para conectar a los seres humanos con su consciencia y, tenemos vida para poder reconstruirnos permanentemente y procurarnos mejores espacios para vivir en comunidad. ¡Qué así sea!.

omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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