El jinete y el elefante

Ciudad de México /

El Dhammapada, escritura sagrada atribuida a Buda Gautama, abre su primer verso (caminos paralelos), con una expresión que no tiene desperdicio: “Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo”.

¿Es posible dar por válidas estas palabras dichas hace más de mil 500 años? Al igual que piensan algunos psicólogos que nadan en los mares del inconsciente, pienso que la respuesta es un sí rotundo y redondo. Me explico.

Echando mano de una de las metáforas contenidas en los versos del Dhammapada, Jonathan Haidt, en “La hipótesis de la felicidad”, se pregunta: “¿Por qué las personas siguen haciendo cosas estúpidas? ¿Por qué hay tanta gente que fracasa al intentar controlarse a sí misma y hacer lo que sabe que es bueno para sí misma?”.

Sobran ejemplos de este tipo de acciones estúpidas: dar la opinión cuando no nos la piden, postergar algo, aunque ello nos genere mucho estrés, negarnos a hablar con alguien o renunciar a un proyecto sin conocer sus detalles, entre un largo etcétera.

La razón ofrecida por Haidt es que nuestra mente está dividida en dos, una visible y otra invisible, lo cual se explica de manera muy clara con la metáfora del jinete y el elefante: “El jinete representa los procesos conscientes o controlados, el pensamiento basado en el lenguaje que llena nuestra mente consciente y que podemos controlar en cierto grado. El elefante representa todo lo demás que ocurre en nuestra mente, de lo cual la mayor parte es ajena a nuestra percepción consciente”.

Y, justamente porque el elefante es enorme e inmensamente más fuerte que el jinete, es que hace lo que le viene en gana con éste. Salvo en contadas ocasiones, por lo regular, el jinete es siervo del elefante.

Saber si llevamos las riendas de nuestro elefante es relativamente fácil. Basta sentarse con la espalda recta, inhalar hondo, mantener el ritmo de la respiración y, ya en calma, comenzar a ser conscientes de la realidad tal como es.

La perseverancia premia. Poco a poco, cuando menos lo piense, su elefante será más manso, tanto, que llegará el día en que lo habrá domesticado.

Pablo Ayala

  • Pablo Ayala Enríquez
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