No son pocas las veces que he escuchado a todólogos que, sin rubor alguno, afirman que Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzsche, fue una de las principales fuentes de inspiración para los soldados alemanes que estaban en el frente de batalla. A la hora de escupir balas, dicen estos sabihondos, los mensajes encriptados en sus aforismos alentaban el odio antisemita de los fieles al Führer.
Cierto es que el libro se repartió en algunas trincheras de la misma manera que se repartieron municiones, armas, mapas, cartas, tabaco, licor, libros de rezos y fotografías de mujeres desnudas. También es cierto que por su profundidad y forma de escritura, es un libro que con suma facilidad conduce al despiste y a los errores de interpretación, porque el narrador, Zaratustra, divaga como filósofo, sacerdote, mago y poeta.
Nietzsche utilizó esta figura legendaria de la antigua Persia, porque representaba al inmoralista, a un transgresor de los valores siempre dispuesto a disparar flechas envenenadas con la savia de la verdad. Dicho en palabras de Sánchez Pascual (quizá el mejor traductor al español de la obra de Nietzsche), “Zaratustra es, pues, la autosuperación de la moral por veracidad”.
La primera ocasión que este hombre sabio baja de la montaña para hablar del superhombre, lo hace a la hora en que la gente del pueblo estaba reunida en el mercado. Con su peculiar estilo los acusó: “Así dice la plebe: no existen hombres superiores, todos somos iguales, el hombre no es más que hombre, ¡ante Dios todos somos iguales!”.
Este tipo de declaraciones son las que articula un hombre común, el que consciente, o inconscientemente, carga el fardo de la moral como la joroba de un camello. Es el prójimo, el que está dispuesto a sufrir y no pelear por ser el mejor, el que se conforma, resigna y jacta de sus pequeñas corduras, el que predica la modestia, la resignación, la laboriosidad y los miramientos. Es el tipo de hombre al que domeña el miedo y se paraliza frente al abismo, porque “es más mono que cualquier mono”.
Así, el llamado de Zaratustra es a superar al hombre común, a convertirse en superhombre, a permanecer fiel a la tierra, amar su cuerpo, hablar con la verdad, sin miedo, a sacudirse de encima los atavismos morales que le impiden actuar con libertad y reafirmar su autonomía y voluntad de poder.
Suena a mucho y lo es, por eso, si tiene oportunidad estas vacaciones, hínquele el ojo y disfrute de esta enigmática e inagotable obra.