Más allá de las buenas intenciones

Monterrey /

Como señala Rutger Bregman en Ambición moral, la forma de ser y actuar de un ambicioso moral se distingue por cuatro rasgos: posee el idealismo de un activista; tiene la ambición del creador de una startup; posee la mente analítica del científico y vive la vida con la humildad de un monje.

Visto de esta manera, las personas de este tipo no se conforman con los “hubiera”, “quisiera”, “convendría” y demás palabrejas asociadas a un mañana que no ha de llegar. Día a día, el ambicioso moral borra de su cabeza cualquier ilusión paralizante persistente y se pone manos a la obra para lograr aquello que puede generar el mayor bien posible a los demás. Aunque Bregman dice que son cinco, estoy seguro de que usted encontrará algunas ilusiones atenazantes.

La ilusión de la concienciación. Que la gente sea consciente de la injusticia no significa que vaya a actuar a partir de dicho conocimiento. Tenemos infinidad de puntos de vista con relación a un montón de cosas y ello no significa que hagamos mucho con nuestras opiniones, de ahí que “lo que cuenta no es lo que crees correcto, sino lo que estás dispuesto a hacer por ello”.

La ilusión de las buenas intenciones. Nada más lejos de la verdad pensar y creer que para resolver un problema basta con tener buenas intenciones. Darle vueltas y vueltas en la cabeza a eso que queremos hacer en favor de los demás, nos hinchará el alma a la misma velocidad que crecen los problemas que tratamos de resolver.

La ilusión de las razones correctas. Como dice Bregman, “las cosas correctas, a menudo, suceden por motivos erróneos”. Las alianzas virtuosas no se dan entre santos, sino entre aquellos que logran reencuadrar moralmente la búsqueda del bienestar individual para encauzarlo en favor de los demás.

La ilusión de la pureza. Cualquier coalición, señala nuestro autor, “es un pacto que se da entre personas que están en desacuerdo con relación a muchos temas. Esperar iniciar un movimiento donde todos los indignados coincidan en los mismos valores no solo es una ilusión, sino un absurdo”.

La ilusión de la sinergia. Imposible resolver un problema global, si la solución la condicionamos a la resolución de la larga serie de problemas que éste trae emparejado. Hay que evitar estrategias cargadas de intenciones, pero ligeras en resultados.

Por el mes, las siguientes entregas tratarán de algunas historias de amor.


  • Pablo Ayala Enríquez
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