Qué pensará…

Ciudad de México /

Qué pensará de sí mismo el presidente López Obrador, al:

verse tan igual a esos personajes que durante tantos años, y con tanta rabia, criticó;

verse tan igual a esos personajes que durante tantos años, y con tanta rabia, criticó;

levantar cada día una carpa que exhibe un espectáculo de cuarta, donde no hay mayor rédito que la anécdota y el escarnio;

exhibir a sus adversarios, sin parecer darse cuenta que él es la quintaesencia de la incongruencia;

despilfarrar nuestros pocos recursos en medio de la crisis económica;

solapar la opacidad, promover el influyentismo, tolerar la impunidad y mentir compulsivamente;

defender cada mañana, con uñas y dientes, a una panda de fulandrajos que encarnan todos los vicios del pasado, y revictimizando a quienes durante años han sido presa de la injusticia;

verse obligado a torcer leyes y dinamitar las instituciones, para llevar a puerto sus personalísimos afanes;

sentirse con la autoridad suficiente para meter las manos en cualquier cosa que le venga en gana: elecciones, agenda pública, presupuestos, obras que nacieron muertas, los acuerdos sociales y pactos ciudadanos;

reprimir, de muchas maneras, a quien disienta de él, ponga en duda sus ideas o se exprese de formas “no progresistas”, “conservadoras”;

ver que la tan llevada, traída y supuesta “transformación” no será por la vía civil, sino por la militar;

saber que su decrepitud le arrebata la cordura;

ser uno de los principales artífices de la destrucción del andamiaje institucional que sostiene nuestra incipiente democracia;

desoír a quienes más sufren y traicionar, con su torpe y grosero desdén, a los que le votaron;

ver que el proyecto de regeneración nacional, que en un momento tuvo sentido, por sus muchas torpezas y terquedad huera, está a punto de irse por la borda.

Visto lo visto, parece que el Presidente no piensa más allá de sí mismo.


Pablo Ayala Enríquez

  • Pablo Ayala Enríquez
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