Ni buena fe, ni buena voluntad

Monterrey /

Alguna vez comenté que los eticistas chafeaban cuando acudían al diccionario de la lengua española para terminar de entender conceptos provenientes de la Ética. En todo caso, para eso están los libros o diccionarios de filosofía, para esclarecer la duda en su justo contexto. Esta vez me ganaron el tiempo y el cansancio. Las dos biblias filosóficas que suelo consultar en estos casos no concretaban el significado específico del término “buena fe”. Hastiado y vencido acudí a la web de la RAE para darle una tregua a mi desánimo.

Dejando de lado los significados asociados a la religión, el portal arrojó lo siguiente: “Rectitud, honradez”. “Criterio de conducta al que ha de adaptarse el comportamiento honesto de los sujetos de derecho”. “De las relaciones bilaterales, comportamiento adecuado a las expectativas de la otra parte”. Si tenemos en cuenta estos significados, ¿podemos entender la exhibición de la lista de periodistas chayoteros como un acto de buena fe del Presidente, tal como él lo expresó? ¿Ahí estaban todos los que de alguna manera se vieron beneficiados durante la gestión de EPN?

Por el tono de las palabras y expresión de Ricardo Rocha cuando encaró al Presidente, pareciera que éste desconoce parte del sentido de la noción buena fe, porque en la dichosa lista, según se dijo durante esa conferencia mañanera, no estaban todos los “maiceados” y brotaron unos que, al parecer, no debían estar ahí.

Para que la buena fe sea verdadera, ésta siempre debe caminar por la acera de las buenas intenciones, en paralelo a la de la buena voluntad, la misma que Kant sacralizó afirmando que “ni en el mundo ni, en general, tampoco fuera del mundo es posible pensar nada que pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan solo una buena voluntad”. Ésta no es buena por su eficacia, ni por aquello que es capaz de realizar, sino “es buena por su querer, es decir, es buena por sí misma”.

¿Había buena voluntad en la acción del Presidente?

La Ética nos ofrece dos formas para identificarla: descubriendo si había un deseo verdadero de realizar algo bueno, útil y provechoso para la sociedad al mostrar la lista, y demostrando que su acción fue pensada, y estuvo orientada y calculada para obtener las mejores consecuencias.

Vista a la luz de dichas claves, la consistencia moral de esta nueva trifulca presidencial resulta bastante clara.

  • Pablo Ayala Enríquez
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