Cinco horas caminé por el Centro Histórico de Puebla, entre turistas nacionales y extranjeros, en busca de altares, catrinas y calaveras. Era el 28 de octubre, plena temporada de muertos. Encontré una ciudad mucho menos festiva de lo que esperaba.
Vi ofrendas más pequeñas que en visitas anteriores, calaveras que reconocí de años anteriores y catrinas con menos lucimiento. Las ofrendas de la Casa de la Cultura fueron la excepción: merecen una visita. Fuera de ahí, la celebración se perdía entre montajes aislados.
La Muerte es un Sueño comenzó el 23 de octubre con más de 50 actividades y un corredor de ofrendas en 31 sedes. Llevar la fiesta a los barrios y a las juntas auxiliares tiene sentido para sus habitantes. El programa luce abundante sobre el papel. En las calles que recorrí, apenas se percibía.
Cultura tiene razones para ampliar la participación. Turismo debe responder a cómo quien nos visita descubre los atractivos, recorre la ciudad y encuentra dónde gastar en restaurantes, comercios y tiendas de artesanías. Desconozco quién diseñó esa parte del festival. Lo que encontré entre el mediodía y las cinco de la tarde fue una celebración fragmentada.
En el antiguo Banco Oriental encontré cerrada la tienda de artesanías que solía visitar. Un cartón verde decía: «Artesanos, nos cambiamos a la Casa del Torno». Sin dirección ni referencia alguna. La tienda salió de mi recorrido y al visitante le toca averiguar dónde encontrarla.
El hotel Quinta Real ofreció un contraste. El miércoles anterior vi cómo preparaban la fachada con cempasúchil. Esa decoración me llevó a regresar el domingo a comer; entonces también conocí el interior decorado. Volví el 28, durante mi recorrido. Su preparación anticipada motivó dos visitas.
Puebla puede celebrar a sus muertos en todos sus barrios y recibir bien a quienes vienen a conocerla. Cultura y Turismo deberían recorrer el Centro Histórico como lo haría cualquier visitante independiente, sin agenda ni guía oficial, y descubrir cuánto cuesta encontrar una celebración que debería sentirse en sus calles.
El turismo también se piensa.