El 1 de diciembre, el tablero del Aeropuerto Internacional de Puebla, ubicado en Huejotzingo, sumará Chicago O’Hare, Acapulco y Puerto Escondido. Los tres vuelos pueden llenar sus asientos y dejar resultados distintos: unos pasajeros gastarán en Puebla; otros llevarán su dinero fuera.
El gobierno estatal reportó 339 mil 515 pasajeros de llegada entre enero y julio, 19.66 por ciento más que un año antes: 327 mil 839 nacionales y 11 mil 676 internacionales. La cifra reúne residentes, visitas familiares, viajeros de trabajo y turistas. No permite saber cuántos conocieron Puebla, cuánto permanecieron ni cuánto gastaron.
Acapulco y Puerto Escondido acercarán la playa a los poblanos. Esos pasajeros pueden sostener las rutas mientras pagan hoteles y alimentos en Guerrero y Oaxaca. Para llevar gasto hacia Puebla, habrá que atraer viajeros desde ambos destinos.
Chicago presenta otra composición. En el avión viajarán personas que visitan familiares, hacen negocios o toman vacaciones. Algunas reservarán alojamiento; otras dormirán en casa de sus parientes. Un asiento vendido tendrá efectos distintos para las empresas turísticas poblanas.
El anuncio prevé reuniones con agencias. Antes del primer vuelo, una agencia de Chicago, Acapulco o Puerto Escondido debería poder cotizar una estancia en Puebla con fecha, precio y empresa responsable. Si sólo puede vender el boleto, el trabajo turístico está incompleto.
Un vuelo puede conservarse gracias a los pasajeros que salen de Puebla, aunque los hoteles no reciban reservaciones, las agencias no vendan recorridos y los restaurantes no identifiquen nuevos clientes. El movimiento del aeropuerto no garantiza ventas para las empresas locales.
El 1 de diciembre, Chicago, Acapulco y Puerto Escondido aparecerán en el tablero. Meses después, hoteles, agencias y operadores deberán reconocer ventas procedentes de esas rutas. Si sólo creció el número de pasajeros, habrá más vuelos, pero el mercado turístico seguirá sin aparecer.
El turismo también se piensa.