Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
  • Los gólgotas del vecino

    Decía Borges que nadie conoce los gólgotas del vecino. A diario vemos caras, sonrisas, gestos que indican las más variadas emociones, pero desconocemos el fondo del entramado de las psiques que esos rostros esconden.
  • ¿Hacia un tecnofacismo?

    La IA se ha presentado como una herramienta para la salud, la educación o la solución de problemas globales. Pero queda claro lo que en realidad es: una herramienta de poder
  • IA y violencia extrema: un problema ético

    El mundo de la IA debería tener, de manera obligatoria, una constitución que evitara la posibilidad de causar daño al usuario o a terceros.
  • 10,962 perros: exterminar al vulnerable

    Más allá de la legalidad que ella invoca –la cual de ser verdadera, sería una vergüenza– el dato exhibe una política pública que normaliza la violencia y la eliminación masiva de seres sintientes como mecanismo de control.
  • 'Fracking': autonomía y responsabilidad moral

    Sheinbaum abre debate sobre fracking entre soberanía energética y responsabilidad ecológica.
  • El fin del silencio

    Hoy pareciera que el silencio es incómodo y hay que prevenirse contra él, llenando el espacio sonoro con música, comerciales, deportes, lo que sea: el silencio incomoda.
  • Compasión y generosidad: pensando en Nietzsche

    La pregunta, para Nietzsche, no es si la compasión es buena o mala, sino si la compasión nace de la culpa, del resentimiento, o de una generosidad vital
  • Inteligencia artificial y desigualdad social

    Pareciera ser que cada avance tecnológico conlleva el desplazamiento de mano de obra humana: resulta que los luditas, tenían razón
  • Plegaria y crimen: cuando Dios no impide el mal

    Tal vez la religión ya no funciona primariamente como estructura normativa —como ley que obliga— sino como refugio afectivo