Que un rector de la UNAM acuda a una preparatoria a dialogar no es noticia. Que lo haga de frente a una colectividad estudiantil lastimada física y emocionalmente por el porrismo es algo que, hasta donde yo recuerdo, nunca había sucedido. Para ello se requiere valor y un afán de diálogo no muy usual en nuestras autoridades.
Ese tipo de diálogo falta no solo en las universidades sino en el país. La lejanía de las autoridades con respecto a propias comunidades es la principal fuente de conflictos: no se pueden crear reglas adecuadas si no se conoce a fondo la entidad que se pretende gobernar.
The Cider House Rules (Las reglas de la casa de sidra), de John Irving, fue llevada al cine magistralmente por Lars Sven Hallström en 1999 y es un ejemplo de lo anterior. En ella, los trabajadores se dan cuenta de que las normas de la casa que habitan fueron escritas por alguien que nunca vivió ahí y no responden a los verdaderos problemas de un trabajador. Por ello, se sienten con el derecho de ignorarlas.
Más allá del tema concreto que trata esa obra la idea aplica para cualquier caso: crear las reglas de una entidad requiere haber vivido en ella. Solo así se puede lograr una perspectiva adecuada.
La UNAM puede verse desde muy diferentes perspectivas: la del estudiante, la del trabajador, la del académico o la de la autoridad. Nietzsche decía que mientras más perspectivas se tengan de una entidad más cerca se puede estar de una verdad que pueda guiar al individuo para su acción.
El rector Graue que conocimos la semana pasada, al que vimos dialogar frente a 500 estudiantes de Azcaptozalco, refleja al joven alumno de la Escuela Nacional Preparatoria 4 de la UNAM: nuestro rector no viene de una preparatoria privada, donde se vive una realidad diferente. Graue, estudiante de la Facultad de Medicina, fue posteriormente jefe de su División de Estudios de Posgrado y director de esa misma Facultad.
Hay quienes no lo saben o no lo comprenden: Enrique Graue conoce la universidad desde muchas perspectivas por eso es respetado y querido por los universitarios, quienes, con él a la cabeza, estamos en buenas manos.
Graue: las reglas de la casa
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Paulina Rivero Weber
Ciudad de México /
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