El gran desfile de Día de Muertos es una costumbre que comenzó hace diez años en la Ciudad de México y ha ido extendiéndose a casi todos los estados del país. Su origen se remonta a la película británico-estadunidense Spectre, del 2016, la cual muestra un espectacular desfile de Día de Muertos por las calles del Centro Histórico. Al año siguiente, el gobierno de la Ciudad de México decidió hacerlo realidad. Así nació el gran desfile que hoy reúne a miles de personas y que muchos, erróneamente, consideran parte de nuestras tradiciones ancestrales.
Originalmente, el Día de Muertos era una celebración dedicada al recogimiento para recordar, honrar y mantener el vínculo con los seres queridos que habían fallecido. En las culturas mesoamericanas, mucho antes de la llegada de los españoles, existían ceremonias en las que se les ofrecían alimentos, flores, bebidas y otros objetos. La muerte se concebía como una transformación de la existencia, y los difuntos seguían formando parte del universo espiritual de los vivos.
El reciente carácter de espectáculo público multitudinario es una clara influencia de uno de los aspectos del american way of life. En Estados Unidos, los desfiles forman parte fundamental de la cultura nacional. Se organizan a la menor provocación para conmemorar acontecimientos históricos, festividades religiosas, fiestas nacionales y acontecimientos culturales. El Desfile de las Rosas, el del Año Nuevo chino, el carnaval de Mardi Gras, el Día de San Patricio, el Memorial Day, el Día de la Independencia, el Día del Trabajo, Halloween, el Día de los Veteranos, de Acción de Gracias y Navidad, son algunos de los casi 500 desfiles anuales.
No está de más preguntarnos qué es lo que se juega en este sincretismo entre las costumbres de México y Estados Unidos. Una fiesta de recogimiento se ha convertido en un espectáculo masivo. La cultura del espectáculo remite a algo diferente: una celebración cuyo sentido radicaba en la memoria de nuestros muertos se transformó en un espectáculo público destinado a entretener a los vivos. ¿Qué permanece de su significado original y qué se transforma cuando el recogimiento se convierte en un espectáculo?
Con ello no quiero decir que el sincretismo sea algo negativo: es parte de la evolución natural de las costumbres. Pero lo que se hace patente en este sincretismo es la brutal influencia que tienen en nuestro país las costumbres estadounidenses.
Señalarlas quizá pueda hacernos reflexionar y retomar los aspectos originales que nuestras propias festividades solían tener.