Detrás del lenguaje y las banderas

Ciudad de México /

Religiones, “razas” y lenguas crearon nuestras banderas y limitaron nuestras fronteras. Sobre ellas, el tiempo acumuló capas de intereses económicos y políticos cuya historia asemeja una madeja de hilos que solo los más expertos historiadores pueden desenmarañar.

Quizá pocos conflictos alcancen la complejidad histórica de la actual crisis entre Rusia y Ucrania. Los que no somos expertos en el tema, nos sorprendemos ante la lista de prohibiciones del lenguaje ucraniano, que alcanza casi media centena de decretos desde Pedro I de Rusia, hasta el siglo XX. Fue un brillante artículo del historiador Jean Meyer el que me motivó a consultar la lista, pues en él, Meyer cita las palabras de Alexander Solzhenitsyn, para quien resultaba doloroso y vergonzoso recordar los decretos sobre la prohibición de la lengua ucraniana.

Ahora la lengua prohibida para los ucranianos, es la rusa. Ante la sorpresa de que la invasión rusa a Ucrania se haya tornado realidad, recibí con más sorpresa aun las palabras de muy queridas amistades ruso-ucranianas: “…Por fin Rusia nos libera de los nazis ucranianos que prohíben a Gogol, Bulgakov, Zoshenko; que prohíben a los rusos de Ucrania hablar, estudiar y hasta pensar en ruso. Es muy triste y de horror lo que está pasando, pero muchos ucranianos decimos: “mejor el horroroso fin, que el horror sin fin”.

Cuando leí esas palabras, recordé a Andrei Kurkov, escritor ruso ucraniano cuyas historias para niños se han traducido a decenas de idiomas, quien recientemente sorprendió al mundo al considerar públicamente que, ante la amenaza de Moscú, "es inmoral" promover el ruso en Ucrania… con todas sus historias escritas en ruso.

Es verdad que hoy los ucranianos rusos no pueden leer, escribir ni pensar en ruso, ni pueden hablar en ruso en lugares públicos. Pero insisto: no es por eso que vemos tanques y misiles rusos en más de diez ciudades ucranianas. No es por eso que escuchamos la clarísima y tremenda amenaza del presidente Putin al país que se atreva a intervenir. No podemos creer que todo gire en torno a una prohibición del lenguaje: son ya muchos los hilos de esta enmarañada madeja.

Lo único que me queda claro es que este conflicto bélico lastimará en muchos aspectos la vida de rusos y de los ucranianos por igual, y afectará económicamente a la población de todo el mundo. En un mundo globalizado los castigos impuestos por un país a otro son como bumerangs: todo el mundo pagará cara esta guerra.

No cabe duda de que el ser humano es deinotatos, como decía Heidegger: somos el más terrible y sorprendente de los seres, el dinosaurio mayor. Della Mirandola lo dijo más bellamente: el ser humano no es celeste ni terrestre, mortal ni inmortal. Él, libremente, debe definir su propia forma para llegar a ser el más tenebroso o el más luminoso de todos los seres.

Solo nos queda esperar un momento de inflexión que reabra el diálogo diplomático y acabe con la amenaza de una guerra mundial que, por sus devastadoras consecuencias, podría ser la última.

De darse ese diálogo, podremos confiar en la posibilidad de una humanidad diferente.

Paulina Rivero

  • Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
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