Inteligencia artificial y desigualdad social

Ciudad de México /

La inteligencia artificial es la transformación más profunda del siglo XXI. En apenas una década ha pasado de ser una herramienta experimental a convertirse en una tecnología con un poder todavía incalculable. Hay quienes consideran que su impacto va a ser comparable al de la revolución industrial o al surgimiento de internet, pero en realidad va mucho más allá: causará el mismo impacto que la creación de la electricidad.

La Revolución Industrial introdujo nuevas máquinas; internet creó una red de comunicación global. La electricidad, en cambio, se convirtió en una infraestructura universal: algo que terminó estando presente en casi todas las actividades humanas sin que pensáramos siquiera en ella. Del mismo modo, la IA no será una herramienta aislada, sino una capa integrada en innumerables sistemas: medicina, transporte, educación, investigación científica, administración pública, finanzas, industria y vida cotidiana.

Es probable que en algunos ámbitos se imponga un modelo de cooperación entre humanos y máquinas. Profesionales asistidos por inteligencia artificial podrán trabajar con mayor rapidez y precisión. Sin embargo, esta transformación plantea un problema económico muy grave: cuando numerosas tareas se automatizan, es necesario un replanteamiento de la organización del trabajo y esto es precisamente lo que no se perfila como una posibilidad real.

Pareciera ser que cada avance tecnológico conlleva el desplazamiento de mano de obra humana: resulta que los luditas, tenían razón. Ese movimiento de trabajadores ingleses que surgió entre 1811 y 1816 estaba formado principalmente por artesanos y obreros que veían cómo la introducción de máquinas industriales amenazaba sus oficios tradicionales. Las nuevas máquinas permitían producir más rápido y con trabajadores menos calificados, lo que produjo desempleo y reducción de salarios. Aunque el movimiento fue finalmente sofocado, los luditas se convirtieron en un símbolo temprano de la resistencia obrera frente a los efectos sociales de la industrialización.

Con la IA el desplazamiento va a afectar no solo a obreros, sino a cualquier actividad humana. ¿Que la IA es una maravilla? Sí: lo es. Pero las grandes tecnologías no transforman la economía de inmediato: aunque la electricidad comenzó a utilizarse en las fábricas hacia 1880, su impacto real apareció varias décadas después, cuando fue necesario reorganizar completamente la forma de producir. Y aún hoy en día, después de casi un siglo y medio, centenares de millones de personas —de acuerdo con la ONU— no tienen acceso a la electricidad.

No sabemos aún lo que este cambio va a implicar en la historia de la humanidad, pero los antecedentes de otros cambios no prometen mucho: todos ellos han reproducido y respaldado las diferencias económicas mundiales en todos los sistemas que hasta ahora ha creado el ser humano.

La innovación no elimina las desigualdades: las reorganiza.


  • Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
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