“¿Qué conocerá de Inglaterra, quien solo a Inglaterra conoce?” La pregunta de Kipling reiterada por Chesterton es el ícono de la imposibilidad de conocer algo, cuando no se tiene con qué compararlo. En ese espíritu, cuando examinamos la curva de contagios en México y la comparamos con las curvas en otras partes del mundo, podemos tener una perspectiva más real y completa tanto de lo que ha ocurrido como de lo que sucede ahora.
Toda comparación, para ser verídica, debe ser proporcional; por eso el cálculo sobre una pandemia, lo sabemos, debe realizarse de manera porcentual: qué numero se ha contagiado por cada millón de habitantes. Podemos hacerlo gracias a la labor de la Universidad de Oxford, que en su página Our World in Data ha realizado un trabajo más que monumental en todas las áreas en que podamos pensar. Veamos las curvas de contagios por millón de habitantes en México y diversos países:
Podemos elegir otros países o incluso todos los países, y veremos que una constante llama la atención: los picos pandémicos en otros países son como montañas rusas que han llegado sus peores momentos y han descendido en más de una ocasión. Se trata de las famosas olas de la pandemia.
Junto con otros países, hasta hace poco México se mantuvo con pequeñas subidas y bajadas y solamente hasta ahora, inicia un camino ascendente radical: ya no es curva, ya es una línea vertical.
Al ver estas gráficas, pareciera que nunca hubiéramos tenido una primera ola de la cual hayamos salido para enfilarnos a la segunda. A mí me parece que esto puede deberse a que en verdad se logró aplanar la curva y apenas ahora vamos a enfilarnos a la primera gran escalada; de ser así, nos encaminamos a lo peor.
Esto se corrobora si dejemos en la gráfica únicamente a México. Ahí vemos con toda claridad lo que está sucediendo. La curva ya no es curva, se ha transformado en esa línea vertical que se extiende hacia arriba. Vamos rumbo a nuestra primera gran cima pandémica:
Esto es de suma importancia por dos razones. En primer lugar, después de un año de cuidados, mucha gente ya cansada ha relajado sus precauciones, y este es el peor momento para hacerlo. Insisto: todo parece indicar que estamos en la primera gran escalada. Es el momento de cuidarse y llevar a cabo todo lo que hemos aprendido: lavarnos las manos constantemente, aislarnos lo más posible, usar tapabocas, airear los lugares cerrados, tener actividades de manera individual al aire libre, conservar distancia del resto de las personas, en fin: todo lo que se nos ha machacado diariamente.
En segundo lugar, si en verdad nos dirigimos a la primera gran ola, sería una actitud miserable no reconocer que el manejo de la pandemia logró lo que se buscaba: aplanar la curva. Si se logró retrasar la primera gran escalada, al grado en que ésta coincide con el momento en que han comenzado a llegar las vacunas —si esto es así— sería miserable no reconocer que el manejo ha sido excelente.
No puedo ni imaginarme lo que hubiera sucedido si de entrada hubiésemos tenido el pico que presentan otros países. Imágenes dantescas peores a las de cualquier otro país nos hubieran marcado para siempre. Porque cuando escuchábamos que no se quería saturar el sistema, yo solamente pensaba: ¡pero si ha estado saturado por años! El Seguro Social lleva años saturado, ahora solo se ha manifestado en todo su fracaso. Y por eso todos los esfuerzos del gobierno actual deberían estar enfocados en corregirlo y sacar adelante el sistema de salud en México: la salud debería ser la prioridad nacional.
Salud y educación son los dos grandes pilares de cualquier nación y debieran ser las dos grandes preocupaciones de nuestro gobierno. Un pueblo sin salud y educación está condenado a la inequidad, alodio y a la miseria. Por eso es tan frustrante escuchar informes sobre el Tren Maya o sobre Dos Bocas: nada podría ser más inoportuno.
Salud y educación son las dos venas hoy casi muertas que demandan con urgencia radical atención y vida. México no saldrá adelante de la pobreza y la inequidad, si no atienden como una verdadera emergencia nacional esos dos rubros: salud y educación. De un gobierno de izquierda, es lo menos que podría esperarse… y yo lo esperaba: tenía esperanzas.
Pero estamos muy contentos por Dos Bocas y por el Tren Maya: esas son nuestras prioridades. Pobre país. Qué desgracia.