Cuerpos intermedios

Estado de México /

Entre el individuo y el Estado naturalmente existen entidades sociales intermedias a las que les corresponde cierta autonomía. En primer lugar entre estas entidades se sitúa la familia, que surge de modo natural, si bien con rasgos peculiares en diversos tiempos y lugares, siempre alrededor de las relaciones básicas de esposo y esposa, padre, madre, hijos y hermanos. Pero las personas tienen necesidad de desarrollarse como tales y cubrir necesidades que rebasan el ámbito familiar, de modo que se generan otro tipo de grupos, asociaciones o instituciones que permiten cubrir tales necesidades.

Los cuerpos intermedios, si pensamos en nuestros días abarcan relaciones en el campo del trabajo y la economía, como lo son los comercios, las empresas y los sindicatos, en el campo de la educación, como las escuelas y universidades, en el de las artes y la cultura, como una banda o un grupo de teatro, en el campo deportivo, como un equipo de fútbol, en el campo político y cívico… en fin en todos los ámbitos de la vida.

La realidad de todos estos cuerpos intermedios se apoya en la condición social de los seres humanos, que creamos vínculos entre unos y otros tanto para convivir como para cubrir necesidades de muchos tipos. Se requiere también que existan entre todas estas entidades sociales pautas y normas que regulen las interacciones. Para regir un conjunto mayor hace falta una autoridad y un derecho con el que se custodie la justicia.

El principio de subsidiaridad (o subsidiariedad) indica que las entidades sociales de mayor capacidad deben apoyar o auxiliar a las menores, como subsidiarlas podría decirse, pero con un límite: no absorberlas ni sustituirlas. La Iglesia Católica sostiene que “El principio de subsidiaridad protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a estas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Este principio se impone porque toda persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad. La experiencia constata que la negación de la subsidiaridad, o su limitación en nombre de una pretendida democratización o igualdad de todos en la sociedad, limita y a veces también anula, el espíritu de libertad y de iniciativa.”

Suele decirse, sobre todo cuando se comentan los diversos males sociales que nos aquejan, que se necesita reparar o incluso reconstruir el tejido social. Precisamente, son todas estas realidades sociales intermedias las que hay que reparar o reconstruir, pues ellas constituyen el tejido social. Esto implica la participación de todos. Podríamos preguntarnos cada uno cómo es nuestra participación social, a qué entidades sociales intermedias dedicamos un tiempo o con cuáles cooperamos.


  • Pedro Miguel Funes Díaz
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