Dignidad o esclavitud

Ciudad de México /

Desde la antigüedad hasta no hace muchos años, la esclavitud parecía algo normal en muchas sociedades humanas. La conciencia sobre el intrínseco mal que tal práctica supone se extendió muy tarde y, por ello, resulta sorprendente la postura de Gregorio Niseno, que ya en la antigüedad, en el siglo IV de nuestra era, se oponía decididamente a esta práctica.

Se piensa que nació después del año 331, tal vez 335. Recibió una educación cristiana y se formó también en la gramática y la retórica, se caracterizó por un temperamento tranquilo. Fue elegido obispo de Nisa (en Capadocia, región que se encuentra en lo que hoy es Turquía). Con su cultura y erudición se opuso al arrianismo y profundizó muchos temas teológicos.

Para él, el mundo fue creado para el hombre, dotado de alma y cuerpo, creado a imagen y semejanza de Dios. Consecuencia inmediata de su creación y misión en el mundo es asimismo su elevada dignidad. Ahora bien, entre los bienes que comporta tal dignidad ocupa un lugar especial la libertad humana, a partir de la cual Gregorio descubrirá importantes aplicaciones sociales.

Gregorio Niseno, por lo anterior, condenó radicalmente la esclavitud, precisamente por sus bases antropológicas (por lo que pensaba del ser humano como imagen de Dios), y consideraba esa institución (la de la esclavitud) como contraria a las prerrogativas del hombre. Me permito transcribir aquí algunas de sus palabras:

“Ahora bien, el que se apropia lo que es de Dios, atribuyendo a su linaje tal poder que se tenga a sí mismo por dueño de hombres y mujeres, ¿qué otra cosa hace que traspasar por la soberbia la naturaleza, mirándose a sí mismo como cosa distinta de aquellos sobre los que manda? ‘He poseído esclavos y esclavas’ Condenas a servidumbre al hombre, cuya naturaleza es libre e independiente, y te opones a la ley de Dios, trastornando la ley que Él estatuyó sobre la naturaleza. Y es así que al que fue creado para ser dueño de la tierra y destinado por su hacedor para mandar, a ese lo metes tú bajo el yugo de la servidumbre, como si quisieras contravenir e impugnar la ordenación de Dios. Te has olvidado de cuáles son los límites de tu autoridad, que no se extienden más allá del dominio sobre los irracionales.”

Gregorio se inspiraba en las enseñanzas de la Sagrada Escritura, pero no se queda en la letra, pues literalmente hablando no se encuentra en ella una condena explícita de la esclavitud. Gregorio saca las consecuencias de la enseñanza bíblica sobre el ser humano y su dignidad y no teme exponerlas en un mundo que todavía tardaría siglos en asimilarlas.


  • Pedro Miguel Funes Díaz
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