Desde hace muchos siglos, o milenios, existe una conciencia de que el servicio a la comunidad en el ejercicio del poder político es fundamental. Ya Aristóteles en el último libro de la Política enseñaba que la educación era la herramienta principal para formar ciudadanos virtuosos y preservar la ciudad bien ordenada.
Sin embargo, el alejamiento de este ideal es experiencia también de milenios y se han producido innumerables abusos hasta nuestros días. Por otro lado, se ve que no basta el deseo de servir, sino que se requiere la capacidad real para hacerlo. Así como el deseo de arreglar un automóvil, pongamos por caso, no es suficiente para arreglarlo si no se posee la competencia para hacerlo, así tampoco es suficiente el deseo de ser buen gobernante y usar bien del poder para que realmente se logre el desarrollo y la paz de una sociedad. Con competencia nos referimos aquí no a la competencia contra un adversario, sino a la competencia como pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado (y no tan solo en el campo productivo de bienes materiales).
Si nos referimos a la comunidad política resulta clara la necesidad de los dos elementos, espíritu de servicio y competencia, pero podemos extender el campo de aplicación de esto a otros ámbitos. Así por ejemplo el maestro tiene una cierta autoridad sobre los alumnos, pero no basta que quiera enseñar, sino que debe saber hacerlo a nivel práctico. Toda función en una sociedad que implique algún grado de gobierno requiere tanto el espíritu de servicio como la competencia para ejercerlo. Si falta uno de los elementos no es posible conseguir el bien común que corresponda.
La adquisición de las dos virtudes mencionadas requiere a su vez la educación de la persona tanto a nivel humano como a nivel técnico o práctico. Pero las sociedades humanas son complejas y la historia muestra muchos ejemplos en los que la falta de educación fue ocasión de muchas crisis y desastres. Podemos preguntarnos cuál ha sido la educación tanto humana como científico-técnica de los dirigentes a nivel internacional, nacional, estatal o municipal, por tomar la vertiente política, pero podemos igual considerar el campo de las grandes empresas, de las pequeñas, de los sindicatos, etc., de las universidades, de las escuelas… hasta de la misma familia, cuyo papel a veces ignoramos.
La construcción de un mundo más pacífico en realidad comienza en cada familia, a través de la formación de buenos ciudadanos, virtuosos, que cultiven un verdadero espíritu de servicio y que, al mismo tiempo, adquieran competencia en el campo en el que se van desarrollando a lo largo de la vida