Paz y educación

Estado de México /

Los acontecimientos por las operaciones apenas acontecidas contra el crimen organizado, con sus propios efectos, han causado gran impacto en los medios de comunicación y en el ánimo del pueblo en general. Sin lugar a dudas las explicaciones de lo que sucedió han de evaluar los muchos factores involucrados y se comentarán ampliamente. Nos encontramos en situaciones en las que no deseamos estar, tanto en nuestro país como en el mundo, y nos preguntamos si es posible cambiar las cosas y, si es posible, cómo cambiarlas para bien, para vivir en paz.

La respuesta igualmente abarca muchos factores. Ciertamente a nivel de las autoridades de los estados se pueden señalar cuestiones económicas, políticas y jurídicas que exigen atención inmediata; pero siendo esto necesario, no es suficiente realmente para que las cosas cambien en profundidad. En sus mensajes sobre la paz, tanto el papa Benedicto XVI como el papa Francisco daban un especial relieve al tema educativo. En 2012, el primero sostenía la necesidad de una educación en la paz y en la justicia, y el 2022 el segundo la educación como un factor muy importante para un proyecto sustancial de paz.

Hablar de educación para la paz y presentarla como camino pudiera interpretarse como una simple ilusión sin sentido en medio de las tragedias. Con todo, si entendemos el por qué del llamado a educar quizá podamos descubrir su auténtica importancia y comenzar a resolver de verdad nuestros graves problemas al menos en uno de sus factores. En primer lugar hay que tener presente que la educación no es simplemente adquirir conocimientos y habilidades con fines prácticos inmediatos, ni siquiera es hacerse de una ciencia y dominarla. Baste recordar que una de las grandes conquistas científicas de la humanidad y de los más impresionantes desarrollos tecnológicos nos ha llevado a la construcción de armas que pueden acabar con toda la humanidad. Ciencia y tecnología no son sinónimos de bien común y de paz, como tampoco de caos y guerra.

La educación ante todo mira al crecimiento o desarrollo de la persona en lo más propiamente humano, en sus relaciones con lo trascendente y en sus relaciones con las demás personas. ¿Cuántos delincuentes, del nivel que se quiera, no tuvieron la oportunidad de que alguien les indicara desde niños cuál es el sentido de la vida? ¿O tal vez se les mostraron caminos equivocados que les hicieron perder lo más valioso de sí mismos?

No basta recibir una educación buena, es cierto. Somos libres y la posibilidad del mal no desaparecerá mientras vivamos, pero seguramente una condición para la difusión de la solidaridad, la justicia y la paz es la educación en la virtud, que comienza en la familia.


  • Pedro Miguel Funes Díaz
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite