Persona y sociedad

Estado de México /

La experiencia nos muestra la realidad de muchas cosas, pero no todas ellas son el mismo tipo de realidad. Conocemos, por ejemplo, los animales, y podemos decir "ese es un perro" o "ese es un insecto" o cualquier otro, o podemos decir "este es un árbol", en fin, muchas cosas parecidas. Pero también nos encontramos con conjuntos formados de individuos que de alguna manera se unen y forman otro tipo de entidades. Un conjunto de árboles forma un bosque, mientras que cierto tipo de animales forman rebaños, otros manadas, otros parvadas y demás.

Este tipo de conjuntos no son la simple acumulación cuantitativa de individuos, sino que entre ellos, en cuanto integrados al conjunto, se establecen relaciones especiales, se establecen un orden y unas funciones. Ahora bien, el conjunto no existe si no es por los individuos que lo componen. No se puede ver por ningún lado una parvada sin los pájaros que la componen, porque el ser de la parvada solamente existe, por así decir, sobre el ser de los individuos que la componen.

El hombre forma sociedades e, igualmente, lo que constituye las sociedades humanas son los individuos que la componen. El ser de la sociedad se apoya sobre el ser de quienes la forman, pero, en este caso, los individuos, si bien comparten muchos rasgos con los animales, se caracterizan por una especial inteligencia y por la voluntad libre, es decir, son personas.

Esto significa que, dada la dignidad de cada uno, son las personas el referente obligado de toda sociedad y, por lo mismo, las estructuras de autoridad y poder no pueden considerarse como creadoras de las personas. Por otro lado, también hay que decir que el hecho de que la base de la sociedad sean las personas nos permite establecer que el inicio de la mejora de una sociedad se halla precisamente en ellas.

Ya los filósofos proponían que lo que debe buscarse en la sociedad es que sus miembros sean personas virtuosas, y dado que la virtud se entiende como la disposición para obrar bien, ciertamente este sería un ideal político importante.

Si queremos que el mundo mejore, tenemos que comenzar mejorando nosotros mismos, como personas, porque nosotros formamos la sociedad. La preocupación social por la paz, por la justicia, por los pobres y por otras cosas de este género, no tendría sentido si no comenzáramos a buscar obrar cada día con prudencia, justicia, fortaleza y templanza, por evocar las principales virtudes. El primer paso para la paz es siempre personal.


  • Pedro Miguel Funes Díaz
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