Respeto y Subsidiaridad

Estado de México /

Algunos piensan que subsidiar de parte del Estado a ciertas personas, categorías sociales o entidades es algo recomendable, mientras que otros piensan en cambio que esa práctica debe reprobarse de entrada. Conviene pensar que existe un principio social y de reflexión para la acción que se llama principio de subsidiaridad. Precisamente, este principio indica que aquellas entidades de mayores posibilidades ayuden a las menores, para que se desarrollen y puedan cumplir su propia función.

La subsidiaridad, o también subsidiariedad, implica por lo tanto un doble punto de referencia, es decir, por una parte, está el aspecto de ayuda para quien lo necesita, mientras que, por otra, está el desarrollo de quien ha de recibir la ayuda. Si la ayuda anula a la entidad menor y, en vez de promover su desarrollo, la sustituye, no se trata de verdadera subsidiaridad.

El “Compendio de doctrina social de la Iglesia” dice que “El principio de subsidiaridad protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a estas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Este principio se impone porque toda persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad.”

Por esto mismo la ayuda subsidiaria en su realización concreta tiene que ver mucho con la prudencia, pues negar la subsidiaridad o limitarla indebidamente, así como en nombre de ella distribuir ayudas “sin ton ni son”, no contribuye al desarrollo sano de la sociedad.

Sucede como en la familia, donde los padres tienen que ayudar a los hijos, pero al mismo tiempo deben capacitarlos y dejar que vayan, según se desarrollan, realizando aquello que pueden hacer por sí mismos. No ayudar nada o ayudar más de la cuenta es perjudicial para ellos.

Por eso el “Compendio” señala que “Con el principio de subsidiaridad contrastan las formas de centralización, de burocratización, de asistencialismo, de presencia injustificada y excesiva del Estado y del aparato público”. A la buena puesta en práctica del principio de subsidiaridad corresponden el respeto y la promoción de la persona y de la familia, así como la valoración de las asociaciones y de las organizaciones intermedias.

Es necesario por ello el equilibrio entre la esfera privada y la pública, reconociendo cada cual la importante función que cada una posee. El ciudadano, por su parte, debe responsabilizarse para tomar parte activa en la realidad política y social.

Pedro M. Funes Díaz

  • Pedro Miguel Funes Díaz
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