En su encíclica "Magnífica humánitas", León XIV propone una consideración de la verdad como bien común cuando trata un problema propio de estos tiempos en el uso de las plataformas digitales y de la inteligencia artificial. Dice que "herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones".
Si por bien común se entiende el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección, entonces hablar de la verdad como bien común significa que ella lo integra y es inseparable de dicho bien.
El pontífice sostiene que "La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella. Una información veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado".
Creo que muchos de nosotros tenemos experiencia del problema señalado. Tal vez lo descubrimos en unas ocasiones y tal vez, en otras, asumimos como verdaderas noticias y explicaciones engañosas y falsas. El problema no está en la herramienta como tal, sino en la manipulación y sus enormes alcances.
En seguida añade León XIV dos ideas que iluminan los caminos que pueden tomarse en esta situación. La primera es que "una información veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado". Lo cual nos da a entender que no se trata de ejercer una vigilancia extrema y agobiante, aunque no se desecha que deba existir en un grado razonable.
La segunda idea es que "en el discurso público, la verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo. Sólo la búsqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien común, puede sentar las bases de una comunicación justa".
Creo que es responsabilidad de todos participar, según las posibilidades, en esta búsqueda. Las autoridades, las empresas, los ciudadanos en general tenemos seguramente algo que aportar.