La ética e integridad en las empresas estaba en la agenda menos urgente hasta el pasado domingo. Hoy estos dos pilares de la conducta humana y de la esfera empresarial permitirán el éxito sostenible y podrían ser los únicos regeneradores de la confianza perdida.
México ocupa el sitio 141 de 182 países en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparencia Internacional, es el peor país evaluado en la OCDE. Si bien este dato lo conocíamos antes de la caída de El Mencho, cobra relevancia porque “bastó este fin de semana para ver cómo un solo acto repercute en la vida de todos. Las personas empiezan a percibir que la corrupción no puede normalizarse, y que su contraparte, la ética y la integridad, son urgentes”, me dijo Fernando Sentíes, CEO de Amitai, empresa en soluciones éticas y de cumplimiento organizacional encargada del ranking de Empresas + Éticas.
Vivimos una crisis de insularidad, establece el Barómetro de Confianza de Edelman 2026, en un entorno de ansiedad económica, tensión geopolítica, disrupción tecnológica y añadiría violencia y desconfianza. Por eso los países y las personas queremos reducir nuestra existencia a entornos cerrados, bajo control y que nos parezcan familiares. Esto es un peligro en muchos frentes, entre ellos el progreso.
Dos datos más: la falta de confianza cuesta 438 mil millones de dólares en productividad, según Gallup, y hoy menos colaboradores confían en su empleador versus el año pasado, según Edelman.
Es un hecho que “las personas tienden a refugiarse en sus empresas en situaciones críticas y estas son un microclima de seguridad y uno de nuestros tres núcleos, los otros son nuestra vida familiar y la social”, me dijo Fernando.
Si la ética y la integridad generan confianza y seguridad, entonces en México debemos considerar que en un contexto como el actual esos factores son primordiales y existe la urgencia por ser éticos e íntegros no solo en papel.
Necesitamos progreso y este es multinacional y diverso o no es. El avance se logra con inclusión, perspectivas diversas y lejos de la homogeneidad. Si seguimos perdiendo confianza y nos encapsulamos entre personas y entidades que piensan igual que nosotros, si olvidamos escuchar, reflexionar y disentir, no habrá prosperidad.
Solo 8.5 por ciento de las empresas denunciadas por corrupción o faltas de ética e integridad son investigadas en México, me dijo Fernando, y añadió que esto evidencia un problema de impunidad. Normalizar la deshonestidad o la corrupción y hacer lavado ético en lo público o lo privado no permite bienestar. Después del domingo hay una oportunidad en todas las esferas para dar pasos positivos.