El mayor error en la salud: no cuidarla

Ciudad de México /
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El autocuidado salva vidas. Una amiga con trasplante de riñón tiene una vida plena, mientras he sido testigo de quien ha perdido su salud por hacerse de la vista gorda para cuidarse, y también he experimentado que cuidar —ser cuidador del bienestar de otra persona— puede resultar en el detrimento de la salud propia. El autocuidado es la mejor herramienta para la salud y en México sabemos qué es, pero no lo practicamos.

Estudios comparativos revelan que 80 por ciento de la población afirma conocer el autocuidado, pero menos de 50 por ciento ha traducido ese conocimiento en acciones concretas, me contó en MILENIO Foros la doctora Aída Jiménez Corona, de la Sociedad Mexicana de Salud Pública.

El resultado de no actuar: 14 millones de mexicanos con diabetes, 22 millones con hipertensión, 78 por ciento de los adultos con sobrepeso u obesidad, y siete de cada 10 trabajadores con burnout.

Cerrar esta brecha entre saber y actuar es el principal desafío sanitario del país.

Fortalecer las prácticas de autocuidado genera beneficios económicos: cada año se pueden ahorrar 7 mil 200 millones de dólares en América Latina, según la Asociación Latinoamericana de Autocuidado Responsable. Y cuando se  contribuye al uso eficiente de los recursos en el sector salud hay un beneficio para el bolsillo de los mexicanos porque 39 por ciento del gasto sanitario total del país sale directamente del presupuesto de las familias, según Inegi.

Seguir sin la reforma para que el autocuidado forme parte de la Ley General de Salud es un peligro. El Estado debe promover políticas que fomenten la educación para la salud y permitan que los mexicanos tengamos una participación informada para hacernos responsables de ciertas enfermedades crónicas y comunes. No es sólo un tema del gobierno, es de corresponsabilidad.

Urge el trabajo multisectorial: que se hable el sector salud con el sector educativo, que participen las empresas privadas con lo público y, claro, que usted y yo, querido lector y querida lectora, pasemos a la acción. Adiós a decir que no hay que automedicarnos, pero al instante en el que nos sentimos mal, tomar lo mismo que la vecina porque a ella se le quitó todo pesar. Debemos informarnos, conocer la diferencia entre un virus y una bacteria, escuchar a nuestro cuerpo, medir nuestro estado de salud constantemente y atendernos. No sé usted, pero por más trabajo que cueste, le apostaré al autocuidado.


  • Regina Reyes-Heroles C.
  • regina.reyesheroles@milenio.com
  • Periodista. Autora del libro Vivir como reina y gastar como plebeya. Conductora de Milenio Negocios, programa semanal de entrevistas con directivos y personajes clave en el mundo económico. Publica su columna sobre finanzas personales todos los jueves. Mamá de dos.
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