Estamos en bancarrota hídrica

Ciudad de México /

El mundo está en bancarrota hídrica, sentenció la ONU hace unos días: “La cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos” y el mundo llegó a un “punto de no retorno para ciertos sistemas donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente los ahorros acuíferos”.

Más de la mitad de los grandes lagos se están secando y 75 por ciento de la población vive en países donde el agua escasea o es insegura. La ONU llama a “gestionar la quiebra, no la crisis”.

En México palpamos el apuro y el riesgo, un día hay inundaciones, otro sequía, pero no estamos listos para gestionar la crisis o la quiebra. Olvidamos el ciclo del agua aprendido en la primaria —llueve, se infiltra o llena acuíferos, se evapora, llueve— y no creemos en las consecuencias de nuestras acciones. Me explico: podríamos haber extraído el agua para luego reutilizarla y no solo extraer, usar y desechar sin parar.

Se requiere “transformar el agua de una calidad a otra”, me explicó Juan Pablo Rodríguez, director de Rotoplas Servicios de Agua, dedicada a la tecnología en modificación del agua y es parte de la firma que conocemos por los tinacos.

Dado que “no podemos llenar de nuevo los acuíferos agotados”, afirma la ONU, solo “proteger cada gota y aprender a vivir con el agua que nos queda”, hay que tratar, potabilizar y captar.

En México solo 3 por ciento de la lluvia es captada. El potencial es enorme, sobre todo en las ciudades repletas de concreto que impiden la correcta filtración de esa agua al subsuelo.

Otra enorme área de oportunidad está en el tratamiento de agua. Existen más de 2 mil 600 plantas municipales y más de 3 mil industriales. De las municipales, 60 por ciento no funciona y las otras tienen déficit o no cumplen los lineamientos, me dijo Juan Pablo.

También se puede desalinizar, “una solución muy viable para las industrias o municipios cerca de las costas” que requiere estudios y cuidados para lograr eficiencia energética y regresar la salmuera a los océanos “vía emisarios submarinos que dosifican esa sal a lo largo de muchos kilómetros para no afectar fauna ni flora. Incluso puedes tener una fuente alternativa de ingreso extrayendo ciertos minerales de la sal”, agregó Juan Pablo.

Se necesita cooperación, acción, alianzas, estrategias, tecnología, innovación y financiamiento, y es cierto que “teníamos que haberlo pensado desde hace más de 10 años”, pero hoy “es el segundo mejor momento para hacerlo”, concluyó Juan Pablo con optimismo.


  • Regina Reyes-Heroles C.
  • regina.reyesheroles@milenio.com
  • Periodista. Autora del libro Vivir como reina y gastar como plebeya. Conductora de Milenio Negocios, programa semanal de entrevistas con directivos y personajes clave en el mundo económico. Publica su columna sobre finanzas personales todos los jueves. Mamá de dos.
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