Usted, ¿en quién confía?, ¿en el gobierno, su empleador, las ONG, los medios? ¿Confía en que el futuro traerá mejores condiciones? ¿Confía que mantendrá su empleo? ¿Confía en una persona que se rige por valores distintos a los suyos?
En el mundo la confianza ha caído por la pandemia, el desplazamiento económico, el alto costo de vida, las tensiones geopolíticas, la discriminación y la desinformación. Este 2026 el mundo se repliega hacia el aislamiento, dice el Barómetro de Confianza 2026 de Edelman, y esto frena el progreso.
“Es una llamada de clarín, hemos transitado del miedo hacia la polarización, hacia la queja y activismo hostil, ahora llegamos a la insularidad, es decir, que no estoy dispuesto a cooperar ni a relacionarme con personas cuyos puntos de vista, fuentes de información o estilo de vida sean diferentes a los míos”, dice Richard Edelman, director ejecutivo de la firma que lleva 26 años realizando este estudio sobre confianza.
En México, siete de cada 10 personas tienen una mentalidad insular y no están dispuestos o dudan de confiar en quien tiene valores distintos, otra cultura o aborda los problemas sociales de manera diferente.
Estos datos me generaron algo de pánico: cuatro de cada 10 mexicanos preferirían cambiar de área en el trabajo antes de reportarle a un gerente con valores diferentes a los suyos; tres de cada 10 aceptan que si su líder tuviera creencias políticas diferentes a las suyas se esforzaría menos en ayudarle a tener éxito, y tres de cada 10 dicen que apoyaría la reducción de empresas extranjeras en México incluso si eso resulta en precios más altos.
¿Somos tan intransigentes e intolerantes que estamos dispuestos a perder dinero, desarrollo y bienestar con tal de no convivir con quien no es igual a nosotros? La respuesta, lo escribo con tristeza, es sí.
En México, 76 por ciento de quienes participaron en la encuesta de Edelman dice que las personas a su alrededor desconfían tanto de quienes son diferentes que intentan activamente perjudicarse entre sí.
La mentalidad insular es un riesgo económico gigante, pero hay caminos para sortearla. En México confiamos en nuestro empleador, así los líderes y el espacio laboral es el ideal para construir puentes. “Los empleadores y las personas tenemos que pensarnos como intermediarios para acercar pensamientos distintos. En lugar de cambiar a las personas, hay que reconocer nuestras diferencias y poner al centro lo que tenemos en común”, me dijo Mariana Sanz, CEO de Edelman en América Latina. En los proyectos debe haber participación de personas distintas, recomienda Mariana, así como capacitaciones para lograr diálogos constructivos en contextos de conflicto.
La diversidad será más importante que nunca y si desde la empresa no la celebramos, ponemos en riesgo al negocio y bienestar de los colaboradores.