Los niños más invisibles

Vivir como reina y gastar como plebeya

Regina Reyes-Heroles C.

Regina Reyes-Heroles C.
Ciudad de México /

Queremos hacer de México el mejor lugar para nacer”, me dijo Francisco Casanueva, copresidente del subcomité de Primera Infancia del CCE.

Ese objetivo implica “que los niños nazcan en el mejor entorno posible, donde tengan derechos, que no sean una población invisible, donde entendamos que todo lo que hagamos por ellos de los cero a los seis años puede ser infinitamente positivo y trascendental en su vida y lo que dejemos de hacer, irreversible”, me explicó el también consejero del Pacto por la Primera Infancia y CEO de Interprotección.

El cerebro en los primeros tres años de vida establece hasta mil nuevas conexiones por segundo, estas dependen de las interacciones y estímulos entre los niños y sus cuidadores. Además, “constituyen la base de la neuroplasticidad sobre la cual se asientan la salud mental y física, los resultados de aprendizaje, la adquisición de competencias sociales y la capacidad de adaptarse y ser productivo”, señala La inversión en la primera infancia en América Latina, de Unicef.

Aquí son invisibles porque de todos los niños en México, aquellos en su primera infancia tienen el menor nivel de desarrollo, la mayor pobreza y se les destina el menor gasto público, según Unicef. El gasto anual per cápita promedio en estos niños en 2020 era de 3 mil 701 pesos y bajó a 3 mil 219 pesos en 2020, equivalente a un decremento mensual de 308 a 268 pesos, según Pacto por la Primera Infancia. Argentina, Perú y Costa Rica gastan más en sus niños que nosotros.

El compromiso de inversión es a largo plazo, una complicación cuando “la visión general es cada vez más a corto plazo y la inmediatez”, me dijo Francisco. Para conseguir acción, el subcomité del CCE, donde participan también Eva Fernández y Lorena Guillé, de Fundación Femsa, y Rocío Abud y Karen Farías, de Fundación Coppel, sumó en un año a 64 aliados del empresariado mexicano para difundir, amplificar y hasta generar políticas internas en paternidad corresponsable, apoyo a la lactancia materna y cuidado infantil accesible. Una pareja que puede tener interacciones y estímulos positivos con sus hijos y el apoyo de la empresa en la que labora, se pondrá la camiseta. “El amor con amor se paga”, me dijo Francisco, además, “mientras más des a los hijos entre cero y seis años, más estable el entorno familiar y eso permite entregar toda tu capacidad mental y física en el trabajo”. Pongo sobre la mesa un beneficio más: la inversión no es solo por el talento actual, estos niños son los colaboradores, emprendedores o los gobernantes del futuro y llegarán más listos a su vida profesional con una primera infancia atendida. Tardaremos 20 años en ver los resultados, es cierto, pero así se asegura un mejor futuro para México. Ojalá esto no se quede solo en la agenda de unos en la industria privada, sino que nos sumemos todos, incluido el Sistema Nacional de Cuidados que ya entreteje el Estado.

@vivircomoreina

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