Ayer domingo comenzó la audiencia contra Miguel Ángel Solano Ruiz, Capitán Sol, Mike o MK, presunto hombre clave en la red de huachicol fiscal que, desde la Secretaría de Marina (Semar), operó el mayor desfalco a las finanzas públicas mexicanas del que se tenga noticia.
La Fiscalía General de la República (FGR) atribuye a este capitán de corbeta, quien solicitó su baja en 2017, año en que cruzó la línea para delinquir a gran escala, varias conductas: reclutar personal para operar el huachicol, sobornar a los responsables de los puertos, fabricar permisos y documentación aduanera, y lavar dinero mediante inmuebles y apuestas.
Lo que el Capitán Sol tenga que decir en este proceso es fundamental. No solo para comprender cómo funcionó la red durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sino para responder algo aún más importante: ¿cómo fue que la Armada de México, la institución del Estado con mejor reputación, terminó penetrada por el crimen organizado?
Solano es un cuadro en el que el Estado mexicano invirtió muchos recursos. Ingresó a la Heroica Escuela Naval Militar en 1994, a los 16 años. Más adelante fue reclutado por la Unidad de Inteligencia Naval (UIN), donde destacó por sus aptitudes como investigador. Estudió inteligencia y contrainteligencia en Colombia y Estados Unidos, y participó en el diseño del operativo que culminó con la persecución y el abatimiento de narcotraficantes relevantes como Arturo Beltrán Leyva. Después, la Semar lo comisionó a la Seido, en la entonces PGR, donde fue jefe de oficina del subprocurador Gustavo Salas, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Tras más de 20 años de una carrera destacada, decidió cambiar de bando: fundó empresas fantasma, echó a andar una impresionante red de contrabando de combustibles y sirvió a intereses políticos profundamente corruptos.
Zoom: ¿Por qué un marino con una trayectoria impecable se torció de esa manera? Quien responda a esta pregunta resolverá no solo el caso de este sujeto, sino una trama maquinada deliberadamente, desde las alturas, para echar a perder a toda una institución.