Entonces trabajaba en la redacción de otro periódico. De una semana a otra, los monitores de aquel lugar, que hasta entonces sintonizaban la señal de una de las dos grandes televisoras, se mudaron a MILENIO Tv.
Francisco González Albuerne, su fundador, dispuso que el nuevo canal permitiera vivir la historia en tiempo real. Y lo consiguió, gracias a una cobertura muy eficaz.
Había entonces un hueco y MILENIO Tv lo ocupó muy rápido. La insatisfacción con la oferta terminó por darle identidad al nuevo proyecto.
El 2008 fue un año clave para la historia del mundo y del país. A la alza desbordada de las materias primas siguió el estallido de Wall Street. De ahí vino una recesión que acabaría desatando una indignación de proporciones planetarias.
En México, la moneda pasó de 10 a 14 pesos por dólar. Desde la Secretaría de Hacienda, Agustín Carstens calificó como un “catarrito” lo que terminaría revelándose como una pulmonía.
El 15 de septiembre, cinco semanas antes del nacimiento de la televisora, estallaron dos granadas en el centro de Morelia. Poco antes, el empresario Alejandro Martí, cuyo hijo había sido secuestrado y asesinado, increpó a las autoridades y les exigió renunciar si no podían con su responsabilidad. Mientras tanto, en Ciudad Juárez y Tijuana la sangre corría por las calles a causa de la llamada guerra contra el narcotráfico.
La realidad forjó al medio y MILENIO Tv estuvo a la altura. Entonces, como ahora, su divisa fue hacer periodismo sin adjetivos, filias ni fobias. Han pasado 18 años y MILENIO Tv sigue siendo referencia obligada cada vez que una noticia capta el interés de la audiencia.
Hoy tengo la fortuna de no mirar sus pantallas desde otra trinchera. Al contrario, soy parte de la casa gracias a esta columna y al programa Multiverso Milenio, que me permite reflexionar con la audiencia sobre el futuro, para que no sea sólo la coyuntura la que domine nuestro día a día.
Zoom: En este 18 aniversario, agradezco a la familia González por haber transformado el ecosistema del periodismo y la televisión en México, y por hacer posible, en efecto, que la historia no vuelva a tomarnos por sorpresa.