No son gente seria

Ciudad de México /
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Cuando se hicieron públicas las acusaciones contra Rubén Rocha Moya fincadas el pasado abril por la corte sur de Nueva York, la reacción desde el partido de Estado fue unánime: es un atentado contra la soberanía; no hay pruebas; es inocente; todo es una persecución política desde la derecha extranjera. Con todo, al siguiente lunes el gobernador ya había renunciado, aunque fuera sólo de manera nominal: el bastón de mando se lo entregó a Yeraldine Bonilla, su secretaria de Gobierno, una tan independiente del Ejecutivo como lo es Rosa Icela Rodríguez a escala federal.

Poco más de cien días después, abrupta y extrañamente, Rocha Moya decidió regresar a la gubernatura. Excepto el fuero, poco tenía por ganar y mucho por perder: de contar con el respaldo incondicional de sus compañeros de partido, pasó con la movida a cocorear al de por sí vitriólico agente naranja y, por lo visto, a la Presidenta, quien, en sus propias palabras, se enteró apenas por el anuncio del aludido en redes sociales. El resultado fue que todo el anterior apoyo se esfumó en un escueto y presidencial “es una decisión personal”.

Unas frías cartas públicas de los gobernadores y senadores de Morena marcando su distancia y, sin duda, otras presiones privadas que no podemos conocer, lo obligaron a volverse por donde vino en apenas un día, dejando a Palacio con un dilema imposible: conciliar el sostenido apoyo a la honorabilidad del exiliado con el repudio de su regreso: “No sé qué llevó al gobernador, hoy otra vez con licencia, a regresar, no he hablado con él. Tampoco pienso hablar con él”, acotó Sheinbaum.

Otra perla guinda que ha pasado hasta cierto punto desapercibida: en declaraciones ante la FGR antes de ser enviado en el paquete narco que la Presidenta soberana le regaló a Donald Trump a principios de 2025, Juan Carlos Félix Gastelum, El Chavo Félix, yerno de El Mayo Zambada, dijo que Fausto Corrales, mano derecha de Melesio Cuén, le contó que en la reunión donde fue secuestrado el capo el 25 de julio de 2024, Cuén murió de manera accidental en el fuego cruzado entre las fuerzas de Los Chapitos y las de su suegro. Es difícil creer que hubieran citado allí, a nombre del gobernador, al principal enemigo político del mandatario justo el día del secuestro de su padrino —Zambada— nomás para dejarlo ir después, pero ese no es el punto, sino que los sicarios que lo mataron, para deslindarse, montaron y grabaron lo del falso asalto en una gasolinera. Y que ese video, sin quitarle ni una coma, fue presentado por el gobierno de Sinaloa como la mera verdad histórica. ¿Por qué la Presidenta defendió entonces con todo al gobernador que difundió ese montaje narco si la versión fue desmentida de inmediato por su propia Fiscalía federal? ¿Y por qué ahora lo castiga cuando, a decir una y otra vez de sus mismos voceros, no se le conocen pruebas de algún delito más allá de no haberla consultado en su fallido regreso?

Menos mal que Monsiváis nos aclaró que “la única doctrina de la derecha es la hipocresía”, porque si no sería imposible descifrar estas esquizofrenias entre el decir y el hacer de este gobierno de preclara izquierda.


  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
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