¡Crash! Murió J.G. Ballard, leí en las páginas de una revista de Cinepremiere, que cayó a mis manos recubiertas de látex y desinfectante, antes de abrir (ya tarde) las puertas de Blockbuster durante una mañana de abril. Fueron los primeros días de influenza en México y a nadie le importó.
Las personas gastaron mucho dinero rentando películas en este ensayo de pandemia antes del covid.
En ese momento, el nombre James Graham Ballard junto a su fotografía de perfil y la curiosa onomatopeya, me hizo pensar que habría muerto en un choque. Pero no. Fue cáncer. Y yo tenía que usar desinfectante con el dinero.
La obra de Ballard, como la penicilina, la pasteurización o 4chan, moldeó la sociedad y sobre todo lo erigió como un profeta de nuestro armagedón moderno.
Haciendo a un lado el cliché anterior también tenemos su íntima historia: El Imperio del Sol y La Bondad de las Mujeres son obras distintas, habla desde el interior con la misma desolación-esperanza con la que escribió un mundo totalmente árido y otro inundado.
Mientras tanto, en un pasillo olvidado de cine de arte estaba la película homónima de David Cronenberg: la portada de dos personas antes/después del sexo dentro de un auto antes-o- después de colisionar a propósito.
La profecía de los lugares rodeados de estacionamientos y autos apagados o rumiando a través del asfalto que luego se convierte en anhelo por encontrar un estacionamiento pronto. Las grandes máquinas que asimilan el calor hogareño a base de gasolina.
Así como ese Blockbuster, en medio de un estacionamiento, locales cada vez más vacíos, una empresa de depilación que estafó a cientos de mujeres y el mito del fantasma que buscaba a su padre debajo de las escaleras. Y luego llegó Netflix.
Cuando leí Noches de cocaína no encontré mundos postapocalípticos, pero sí una filosofía que bordeaba los placeres de la (auto)destrucción y esa línea del bien y el mal que inhalamos según nuestra química mental del momento.
Dentro de esta novela escribió: “los únicos filósofos auténticos que hoy existen son los policías”. Me funcionó para Facebook una vez, pero la verdad que, a los 20 años, no lo entendí por completo.
¿Había filósofos? A los policías sí que los conozco.
Compañía de sueños ilimitada es el texto base de toda la camada moderna de body horror que vemos en el cine. Desde la influencia a los Cronenberg, padre e hijo, los animes Evangelion, Akira y hasta aquella escena que nadie olvida en La Sustancia o Clayface. Esa que grita: “simbiosis erótica”.
Aquí hay un mesías renacido que adquiere habilidades metamórficas y que busca ser uno con la gente, la naturaleza y la ciudad
¿Queremos unirnos ahora? Ya no sólo en mente sino en carne, asfalto y cosmos.