Deafheaven: la angustia después de la bomba

Ciudad de México /
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Ojalá falte mucho para descubrir si “dejó caer la bomba” será dicho en un contexto cómico o en tragedia cuando se use en conversaciones. Tal vez se emplee para anunciar una sorpresa o en cambio, que ya no existe una civilización.

Es la nueva angustia. 

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Mientras lo averiguamos, Deafheaven dejó caer como una bomba un EP de apenas tres canciones, At work in the fields of the bomb, un trabajo que sigue expandiendo su historia dentro de una zona gris de condiciones sónicas: ¿metal, shoegaze, blackgaze, o el género que provoca pesadillas?

Desde que Sunbather apareció en 2013, también llegaron los elogios y críticas. Incluso a los 13 años, sigue el eco de las discusiones. Porque la escena metalera podrá ser de todo, menos indulgente.

La primera semana de noviembre ha sido como una canción de Deafheaven, comenzó en calma y en crescendo arranca el vértigo. Luego regresa y arremete de nuevo. Como cuando duermes con melatonina pero despiertas en medio de un accidente automovilístico a 180 km/hr a punto de reventar el pavimento.

Lonely People With Power, apenas lanzado el año pasado, crea una cohesión imperfecta con el explosivo último EP, que encaja los dientes en temáticas de hipersexualización, masculinidad y sobriedad.

También existe un vínculo entre sanación-destrucción, donde las letras de George Clarke en Body Behavior invocan una escena donde un hombre mayor trata de conectar con un joven mostrándole una revista pornográfica.

En este disco también hay tres interludios que cambian el ritmo y llevan la historia de un hombre en abandono emocional hacia un concepto más íntimo, perdido en la representación sonora de internarse entre árboles. Entre tanto, los artífices de la bomba: riffs de Kerry McCoy y la batería-bestia de Dan Tracy.

En cambio con At Work in the Fields of the Bomb es una guerra exterior. Ya no hay seres internos a los cuales recurrir, la bomba va a caer. El paisaje en el que suena es un augurio de devastación.

También aparece un fantasmagórico sampler: “Yankee Hotel Foxtrot”, dicho una y otra vez por una voz repetitiva hablando por radio. De una forma, reescribiendo el mito de Wilco y coronando la intención antibélica de sus estridentes arrebatos.

La bomba se ensambla a través de los audífonos y por última vez en lo que podría ser su mejor canción: Sorry laid the hearth. Si bien no soy experto en construcción de armas de destrucción masiva, sí vi 'Oppenheimer'.

La tercera y última canción del EP, es una cuenta regresiva de casi 13 minutos, las piezas se unen en perfecta simetría, guitarras, baterías, gritos guturales y metales ensamblados para la onda expansiva. Ya va hacer ‘bang’ cuando irrumpe una segunda parte: un ‘noise’ abrasivo y un muro de sonido que arropa el aullido que dice “cry, cry, cry” hasta que finalmente cae la bomba.

Al terminar de nuevo la misma angustia, pues ya ni siquiera escuchamos el silencio.


  • Roberto Carson
  • roberto.carson@milenio.com
  • Jefe Editorial Digital de Telediario y Milenio en Monterrey. Periodista y escritor egresado de la Universidad Autónoma de La Laguna. Becario del PECDA en 2016 en Literatura. Ha colaborado en fanzines punk, periódicos y en portales de nota diaria, crónicas y tendencias. Escribe la columna Tren Misterioso sobre las diversas dimensiones del entorno digital.
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