Valentín Gómez Farías

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  • Rodolfo Esparza Cárdenas

Laguna /

El próximo día 5 de cumplen 163 años de la muerte de Valentín Gómez Farías, nombre que sobresale en la nómina de héroes mexicanos, pero que, cuando pregunta uno qué se sabe de él, se nota que no hay claridad de la época en la cual participó y en qué ámbito obtuvo prominencia en la historia nacional. Valentín Gómez Farías nació en Guadalajara, reino de la Nueva Galicia, en el año de 1781; como era común en esa época para quienes querían estudiar, ingresó al Seminario Conciliar de San José, donde aprendió artes y latín; en 1800 obtuvo el grado de Bachiller en Artes en la Real Universidad de Guadalajara en la cual inició sus estudios en medicina, donde destacó por sus estudios fuera de currículo de libros franceses que quizá influyeron en su pensamiento que provocó ser registrado su nombre en el Tribunal de Santa Inquisición como sospechoso de herejía, asunto que le dificultó obtener los grados superiores lo cual no le impidió ser practicante de la medicina en varios hospitales en la ciudad de México y obtener su licencia para ejercer la medicina.

En Aguascalientes ejerció por 7 años, regresó a México y luego a Aguascalientes. 

En 1821 fue electo diputado por la Provincia de Zacatecas a las Cortes de Cádiz, pero la Independencia de México impidió cumplir su diputación. 

En diciembre de 1821 fue nombrado primer regidor de Aguascalientes y electo diputado militar al Primer Congreso Nacional, donde apoyó la proclamación al trono de Iturbide, pero al disolver Iturbide el Congreso se tornó republicano, apoyando el Plan de Casa Mata. 

Fue diputado en el Congreso Nacional Constituyente por Zacatecas y luego Senador por Jalisco en 1824.

En 1833 fue Secretario del Tesoro por el presidente Manuel Gómez Pedraza y Vicepresidente por López de Santa Anna, en abril de 1833 en ausencia del Presidente, asumió el Ejecutivo en varios períodos, durante los cuales impulsó leyes consideradas de pre Reforma: 

la supresión de la Universidad Pontificia de México; impulsó la educación en todos los niveles, favoreció la separación de Iglesia-Estado; prohibió el pago de diezmos; y una que disponía que el Presidente de la República y los gobernadores nombraran a los sacerdotes de los curatos a propuesta de ternas del obispo. 

Ante la resistencia que creó pidió licencia al Congreso. Santa Anna a su regreso, suprimió sus reformas.

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