La juventud es una etapa del ser humano que se atesora de manera individual y colectiva. Cuando se habla de las y los jóvenes, nos referimos a ese segmento de población que se encuentra entre los 15 y 24 años, personas a las que se les atribuye el futuro y desarrollo de nuestra sociedad, aunque deberían ser importantes por el solo hecho de que integran el presente.
Recientemente, en las redes sociales circuló la noticia falsa sobre la reclasificación de la categoría de jóvenes, una que ampliaba el rango a los 65 años. Esto último provocaba risa pero más de uno se sentía cómodo con esa información, pues de alguna manera volvían a encajar en la etiqueta de joven, y eso les hacía sentirse felices.
De acuerdo con los datos del Inegi de este año, al corte del primer trimestre de 2024, había alrededor de 31 millones de personas de entre 15 y 29 años, es decir representaban 23.8 por ciento de la población nacional. Y de este universo 51.1 por ciento eran mujeres y 48.9 por ciento hombres.
Aunque México tenga pocos jóvenes, es importante destacar que estos son los candidatos a recibir la transmisión de saberes de las pasadas generaciones así como educación que brinda el sistema educativo, ya sea público o particular y la capacitación de los programas nacionales e internacionales, ya sea del gobierno, empresariales o de organismos mundiales. Pues generar mejores oportunidades asegura la mejoría de las siguientes descendencias.
Llama la atención que los jóvenes de antes y los de ahora siguen enfrentando el reto de la educación, encontrar un buen empleo, así como generar desarrollo para los suyos.
Aunque los jóvenes de hoy a diferencia de los de ayer, sí se han detenido a atender su salud mental, procuran la inclusión y su liderazgo va de lo local a lo global, pero con la búsqueda de mejores servicios para vivirlos en el presente y no tanto en el futuro.
Es cierto, ahora tenemos una juventud reducida, pero al menos más empoderada, pues ya no deja el rumbo de su vida en manos de sus padres, y en parte eso es bueno, pues necesitamos de jóvenes funcionales, independientes; de verdaderos agentes de cambio.