Bienvenidos lectores, les escribe quien encuentra una moraleja en cada canción. En esta columna semanal mi intención no es instruir o educar sobre la cultura del country, tampoco adentrarme a sus inicios históricos, por el contrario, busco compartir las emociones que provocan las letras y música de este género. Y es que hablar de música country es hablar de historias, de relatos humanos: amores perdidos, amistades sinceras, derrotas dignas, noches largas y la eterna búsqueda de pertenecer a algún lugar.
Al igual que el country, donde las canciones no pretenden impresionar, yo tampoco busco esa reacción, en esta columna vamos a encontrar el ADN de las canciones: ¿De dónde vienen? ¿Cómo y por qué se escribieron? ¿Cuál es la reflexión que nos deja sobre la vida cotidiana?
Con esta columna pretendo conectar con sus vivencias y, por qué no, hacerles descubrir alguna que otra joyita musical que desconozcan.
Un buen amigo me describió las canciones de country como corridos friendly. Y quizá ahí reside su enorme poder. Mientras otros géneros persiguen la espectacularidad, el country refleja lo esencial: la familia, el trabajo, la nostalgia, el desamor, la carretera, el bar de siempre y las personas que permanecen cuando todo lo demás cambia.
Quiero empezar con una canción que captura perfectamente esa esencia, “Friends in low places”, de Garth Brooks, una canción conocida por la mayoría que relata la historia de un tipo que asiste de sorpresa a la boda de su ex novia, quien se casa con el “riquillo” o el “fresita”, y él llega con botas y sombrero a “arruinarle” su fiesta de etiqueta.
Él no pertenece a ese lugar elegante, no encaja entre el champán ni entre las apariencias. Pero lejos de avergonzarse responde con una frase que se volvió legendaria: I’ve got friends in low places”.
La canción además nace cuando Earl Bud Lee se reúne con amigos en un bar de Nashville y se da cuenta que no tiene dinero para pagar lo que consumió, y bromea diciendo: “No se preocupen, “I’ve got friends in low places”, conozco al cocinero; la frase les gustó tanto que dijeron que era un gran título para una canción y ahí en ese bar escribieron en servilletas la canción que se convirtió en un himno del country moderno.
Y precisamente con esa frase quiero reflexionar: ¿Cuántas veces te has sentido fuera de lugar? O simplemente que no encajas en ciertos estereotipos y te has avergonzado de ello.
Este es el ADN de esta rola y me gustaría que te quedaras precisamente con ese mensaje… la traducción literal sería algo como: “Tengo amigos en lugares humildes”, pero vayamos más allá. La canción habla de identidad, de orgullo por las propias raíces y de no necesitar validación de quienes viven detrás de una fachada social.
Eso es profundamente country.
Quizá por eso sigue siendo una canción que, décadas después, todavía se canta a todo pulmón en bares, conciertos y reuniones. No porque todos hayan vivido exactamente esa situación de acudir a la boda de la ex novia, sino porque todos, en algún momento, hemos sentido que no encajamos en algún lugar.
Así que hoy sube el volumen y convierte en una bandera personal el hecho de preferir la honestidad de tus amigos que la hipocresía de todos esos lugares a los que de pronto no has pertenecido.
Porque, como bien enseñó Garth Brooks, a veces lo mejor no está en los lugares altos, sino justamente en los más bajos.